Este lunes el mundo turfístico amaneció con una dolorosa noticia: murió Juan Carlos Etchechoury, el Pochi, o el Vasco, para todos.

El padre y mentor de los consagrados Carly, Dany, Javi, y también de Sandra y Gabriela, falleció a los 87 años y era uno de los últimos grandes referentes de la cuida de la época de oro de nuestro turf, aquel de tribunas llenas y del ensordecedor griterío en los metros finales.

Ganador de varias estadísticas, sobre todo en San Isidro, y de la mayoría de los Grandes Premios, era muy versátil en su trabajo ya que ponía “de diez” tanto a un ligero como a un millero o un fondista. Era muy común escuchar entre burreros: “Jugalo tranquilo; lo cuida Etchechoury”.

Tenía la capacidad y eficiencia de entrenar a una numerosa caballada, que digamos podían ser 50, 80 o más ejemplares, en todos los casos con la misma premisa: su sanidad en primer lugar, según confesó oportunamente.

Tuvo a su cargo caballerizas importantes tanto por calidad como por cantidad, como por ejemplo La Quebrada, Rosa del Sur, Guanabara, El Turf, Abolengo, Carmel, entre otras. Y ni que hablar de los pingos que él sacó y llevó a la cima, como Solyluz, El Galeno, El Virtuoso, Cacao, Semilleta, Hangar, Cerbatana, Jabalina Brown, Laura Ly… y la verdad es que “mil más”.

Por esas cosas del destino, falleció este 17 de mayo, es decir diez días de diferencia pero con un año de posteridad con Juan Esteban Bianchi, uno de sus enormes adversarios en las pistas y en las estadísticas. Maldito mayo, se podría decir.

A todos sus familiares y amigos las condolencias del caso, y solo queda recordar a ese hombre de bien y gran profesional del entrenamiento.

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