Cinco años viajando en bicicleta. 80.000 kilómetros recorriendo 37 países. Estas son las "estadísticas" de Matías Amaya, quien pedalea por el planeta siguiendo la ruta de los mundiales. Más allá de los fríos números, la historia de esta sanjuanino de 33 años es apasionante. Y su amor por el fútbol, más precisamente por la selección argentina, no conoce límites. Paseando por el centro de Moscú, cientos de hinchas de todas las nacionalidades se sorprenden al verlo: se sacan fotos y algunos le regalan dinero. Él les cuenta sus vivencias. A cada uno de ellos. Y en diálogo con Depo, también les deja un mensaje a los jugadores albiceleste, a quienes nunca pudo conocer personalmente: "Si pudieran ver las fotos que tengo, si pudieran escuchar mi historia, yo creo que pondrían más huevos. No se trata de un partido de fútbol, se trata de la celeste y blanca".

-¿Cuándo comenzó tu aventura?

-Salí de mi casa, en San Juan capital, el 5 de abril de 2012. Me fui para el norte, hice toda la costa del pacífico y después bajé a Brasil para el Mundial de 2014. Luego me fui al sur y subí hasta México, avión a España y hace dos años que estoy dando vueltas por Europa. Como subo y bajo constantemente, sumo muchos kilómetros. Yo digo que van cinco años en bici, porque un año también viajé en auto. Ese no se cuenta. 

-¿Siempre con la misma bicicleta?

-Sí. Esta es mi primera bici, la tengo desde el año 90. Un amigo me ayudó a conseguirla porque yo no sabía nada: nunca había andado, ni siquiera había practicado algún deporte. Cuando la vi, me gustó. Y mi padres me la regalaron. Quién iba a decir que sería mi compañera de viaje durante tanto tiempo… Cuando arranqué, yo pesaba 84 y la bici 30. Ahora, la bici pesa 90 kilos y yo 63. Se invirtieron las cosas, je.

-¿Dónde parás en el camino?

-Llevo una carpa conmigo y por lo general acampo en la naturaleza. Acá en Moscú me hospeda una familia que conocí y ayudé en San Juan hace seis o siete años. Hicimos buena amistad. Después de tanto tiempo ellos me están ayudando a mí. A la mañana le cuido a la hija de dos años y también trabajo de jardinero. Durante el viaje hago muchos laburos: sé pintar, construir, cuido ancianos, he trabajado en hoteles, en el campo. La gente siempre me da trabajo. Y yo tengo dos manos y mucho sudor para entregar. 

-¿Cuál fue el click en tu vida que te hizo emprender este viaje?

-Necesitaba aclarar mi cabeza. Y a medida que fui conociendo a las personas con la que me cruzaba en el camino, me di cuenta de que no quería volver. Ellos eran felices con muy poco. Y lo que tenían lo compartían conmigo. Por eso les dije a mis padres que la vida de antes, la que la sociedad está acostumbrada a vivir, no era la realidad que se veía afuera. Después, en Brasil, me conocía la fiesta de un Mundial, la gente que sigue a un equipo de fútbol. Entonces me dije: ¿por qué no seguir hasta Rusia? Y acá estoy.

-¿Tenés entradas para ver a Argentina?

-No tengo dinero para ir a ver a Argentina. Lo que hago es ir hasta la cancha y mostrarme ahí. En el partido inaugural (Rusia-Arabia Saudita) me pasó algo increíble. Fui hasta la cancha y les conté mi historia a los rusos. Todos juntaron plata, uno fue a comprar la entrada y otro me sacó el pasaporte y me hizo el Fan ID. Lo más graciosos es que la policía me hizo un lugar entre todos los patrulleros para que pueda estacionar la bicicleta. No lo podía creer. Fue un sueño ver el partido. 

-¿Tuviste la oportunidad de conocer a los jugadores del seleccionado argentino?

-Nunca tuve la oportunidad de conocer a los jugadores. Lo intenté en Brasil, lo intenté en Barcelona… Siempre hay mucha burocracia. Hay que pasar por diez o veinte personas para llegar a un jugador. Ya bajé los brazos.

-¿Y qué les dirías?

-Si los jugadores de la selección supieran un poquito el esfuerzo y el sacrificio que hace cada hincha… Estamos tan empecinados en pensar que un jugador nos va a salvar la vida que nos olvidamos de que el fútbol se trata de un equipo, de una familia. Si no trabajamos en equipo, no vamos a llegar. Podemos ganar un partido o pasar de fase, pero no vamos a ganar un Mundial. Hay once jugadores que nos representan, pero se tienen que dar cuenta que no están solos, que detrás hay hinchas que han llegado hasta acá y un montón más que se quedaron en Argentina. No se imaginan que hay gente que llora cuando escucha el himno. Yo he arriesgado mi vida para estar acá. Si pudieran ver las fotos que tengo, si pudieran escuchar mi historia, yo creo que pondrían más huevos. No se trata de un partido de fútbol, se trata de la celeste y blanca. No están solos. Somos millones los que vamos a verlos. Tienen que ser menos egoístas.

-¿Te vas a animar a pedalear hasta Qatar para el Mundial 2022?

-Esa es la idea. Todavía no tengo definida la ruta, pero sé que voy a llegar.

 

Enviado especial a Rusia