Fue un jugador muy inteligente y con una extraordinaria lectura del partido. Le tocó jugar en una época difícil, muy dura, cuando River no podía salir campeón. A pesar de esa dificultad, se consolidó en primera como un excelso goleador. En 252 partidos y 17 Superclásicos, marcó 118 goles. “Tengo el orgullo de ser el máximo goleador de la historia de la Copa Libertadores, con treinta y dos tantos”, dijo refiriéndose a aquel 1966, en el que el equipo riverplatense logró el subcampeonato de la Libertadores, perdiendo en una final polémica ante Peñarol, en Chile. El rendimiento de Daniel Onega en ese tan comentado partido resultó literalmente sensacional, marcando un récord complejo de superar y que aún se mantiene vigente: convirtió 17 goles en una edición del torneo.

Cuando River decidió transferir a su hermano, el querido Ermindo "Ronco" Onega, Daniel asumió el rol de conductor y armador del equipo. Se mostraba criterioso para el manejo del balón y para saber aprovechar las virtudes de sus compañeros. Por ejemplo, explotaba mejor que nadie los pelotazos para el pique vertiginoso de Oscar "Pinino" Mas.

Curiosamente, mejoró su nivel futbolístico con el paso del tiempo; su notable evolución lo proyectó a ser convocado en el seleccionado nacional desde 1966 hasta 1971, jugó trece partidos. Era un contundente cabeceador, aparecía imprevistamente en el área y definía con calidad. De ahí provino su apodo de "El Fantasma". Daniel fue un producto genuino de River; se inició en novena división y debutó en primera siendo el sucesor de Luis Artime.

Recuerdo una anécdota muy graciosa de mi debut. Fue en el Monumental contra Boca, febrero del ’66, por Copa Libertadores. Eran la cinco de la tarde, todos concentrados. De repente, Renato Cesarini dio el equipo titular y me nombró, me conocía desde chico. No sé la cara que habré puesto, porque me preguntó: –Escuchame Tito, si estas cagado no te pongo… –No don Renato, para nada. Sólo me sorprendió que llegó el día esperado. Le juro que la voy a romper. –Está bien pero cambiate los calzoncillos para entrar a la cancha. Me dejaron sordo de las carcajadas. Jugué un buen partido y debuté con un triunfo, ganamos 2 a 1 ¡No me lo olvido nunca más…!”.

A pesar de que le faltó títulos, y de alcanzar muchos subcampeonatos el apellido Onega quedó registrado para siempre en la galería de los grandes jugadores del fútbol argentino, su talento y olfato de gol jamás se discutieron. Crónica lo entrevistó en su inmobiliaria después de la goleada que sufrimos frente a los croatas.

–¿Su opinión acerca del técnico Jorge Sampaoli?

Convengamos que fracasó en todo sentido. En la formación del equipo, en los cambios realizados y en los distintos sistemas que aplicó. En un mundial no se puede venir a probar nada, y él decidió comenzar con línea de tres en defensa. Un método que merece mucho tiempo de entrenamiento. Nunca les transmitió seguridad a sus dirigidos, más bien los confundió. Pero, también es cierto que los partidos los ganan los jugadores. Creo que ellos mismos, contra Croacia, fueron su peor enemigo. La actitud del equipo me decepcionó, esperaba otra cosa.

-¿Cómo interpreta las ausencias de Messi?

Lo admiro mucho y me cuesta criticarlo. Lo que pasa que todos esperamos de Lionel Messi mucho más. Frente a Croacia no apareció, si hubiese sido otro jugador lo tendrían que haber reemplazado, está desconocido. Creo que está atravesando un profundo problema anímico.

-¿Qué piensa del error arquero?

Ese fue el comienzo de la derrota argentina. Faltó rebeldía y enojo ante la adversidad. Hoy el que está pasando el mejor momento es Franco Armani, lo pide todo el país.

-¿Perdió las expectativas?

Ganó Nigeria y tenemos una nueva chance. Argentina tendrá que mejorar mucho futbolísticamente, depende de sí mismo y esa es una incógnita…