Sus 32 títulos en el Barcelona generan emoción entre sus adeptos. Entre los tantos que tuvieron el privilegio de ver el fútbol mucho antes del presente siglo, producen bronca y, a esta altura, resignación. Por estas horas, los periodistas de aquellos lados inflan el pecho advirtiendo que Lionel Messi es feliz únicamente con la camiseta culé. Con la argentina brilló sólo en cuentagotas. Pero nunca, o casi nunca, a la hora de los bifes. Es cierto que gracias a él pudimos ver a la Argentina en el mundial ya que su triplete a un Ecuador suplente y con técnico interino, se dieron en el marco de una actuación inmaculada. Pero en los juegos decisivos, se ha tomado una incompresible licencia para desaparecer.

En Alemania 2006 la excusa fue que recién tenía 19 años (la misma edad actual de Mbappé) pero de ésta tiene derecho a ser eximido de culpa: Pekerman no lo consideró en el partido más importante y con una cara de traste tremenda, el pibito que empezaba a calzarse el traje de mejor del mundo, vio en el banco como éramos eliminados del Mundial. Ya maduro, Sudáfrica 2010 debió ser su campeonato. Arrancó con todo, se fue desdibujando y se fue como el equipo: con pena y, obviamente, sin gloria. 

Todos apostamos por él en Brasil 2014. Era su gran oportunidad. Tuvo una primera gran fase, pero en las instancias más importantes empezó a bajar su rendimiento, más allá de armar la gran jugada del gol de Di María en octavos con Suiza. 

Renunció a la selección tras la tercera final perdida en forma consecutiva (la segunda de Copa América frente a Chile) para después volver con el ánimo renovado. Llegó en inmejorables condiciones a Rusia. Si hasta la temporada le hizo un guiño con un cierre prematuro en su club. Pero aquí faltó a la cita. Sólo dijo presente contra Nigeria (queremos jugar siempre con éste ingenuo equipo que nos garantiza tres puntos) y nada más.

Este sábado podía ser el partido del despegue, jugando como "falso 9". Lo único falso fue su trabajo. Jugó pésimo. No apareció. No pidió la pelota. No arengó. No hizo nada. Se fue con la impotencia dibujada en su rostro. Primero del campo de juego y luego de la cancha. No habló. Mejor así. ¿Qué podía decir? ¡Algo de lo que después se terminara arrepintiendo? Mejor que lo haga en familia y decida lo mejor para él. Tal vez el mundial no sea algo para él. El Mundial a nivel selecciones. Porque el de clubes lo ganó en tres oportunidades.

Fin de un sueño y del peor de los cuatro mundiales de Messi. Un rey sin corona. 

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