La historia está de nuestro lado... Argentina y Francia son dos de los seleccionados más importantes de todos los tiempos del fútbol. Sin embargo, solamente registran dos antecedentes mundialistas, en los que nuestro país obtuvo el triunfo y, en ambas oportunidades se llegó a la final de la competencia.

Muy parejo

El 15 de julio de 1930, en el Gran Parque Central de Montevideo, nuestro país disputó el primer encuentro en la historia de la competencia. El rival fueron los Galos, quienes llegaban al torneo con la premisa de ser la revelación. La Albiceleste, en tanto, era una de las potencias y contaba en su plantel con figuras de la época. Sin embargo, la diferencia de jerarquía en ambos planteles no pudo plasmarse en el resultado final por un sólo motivo: Alex Thépot.

El arquero de los europeos fue la gran figura del encuentro impidiendo la caída. Luis Monti, el mediocampista nacional (que cuatro años más tarde jugó el Mundial para Italia) fue el único que logró vencer a Thépot y marcó, no sólo el gol del partido, sino la primera conquista de Argentina a lo largo de la competencia.

De local

Luego de 48 años sin enfrentamientos oficiales, el 6 de junio de 1978, en el Monumental, volvieron a verse las caras. En el marco de la segunda fecha de la fase de grupos, la Albiceleste tuvo una parada muy brava frente a unos europeos que tenían en sus filas a Michel Platini, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.

La historia comenzó de la mejor manera ya que, a instantes de que concluya el primer tiempo, Daniel Passarella marcó, de penal, la ventaja parcial para el Seleccionado comandado por César Luis Menotti. El público, que colmó el estadio ubicado en Núñez, vivía como una fiesta la diferencia ya que sabían que del otro lado del campo de juego estaba una potencia.

En el complemento, Platini sacó a relucir su mejor versión. Consiente de que una caída complicaba su posibilidad de clasificar, el talentoso mediocampista "se puso el equipo al hombro" y, a los 15, puso el empate transitorio.

Cuando todo hacía pensar lo peor, Leopoldo Jacinto Luque remató violentamente desde afuera del área, la pelota ingresó al arco y desató el fervor de todos los argentinos, quienes en ese instante se dieron cuenta de que ilusionarse con levantar la Copa por primera vez estaba más que permitido.