La tristeza, la preocupación y la impotencia que develan sus gestos dentro y hasta fuera de la cancha contagian al resto, que observan cómo su capitán no lograr manejar el timón de un barco a la deriva. La mirada perdida, el paso cansino y desganado, la ausencia de esa chispa de rebeldía que a veces se necesita para superar los obstáculos denotan la frustración de un hombre acostumbrado a las luces más rutilantes, que ahora no puede escapar de las sombras. La responsabilidad de conducir un equipo en ruinas, de cargarse sobre su espalda la mochila de un pueblo que reclama un título mundial esquivo desde hace 32 años y de revalidar ante todos su estatus de mejor jugador del planeta parecen abrumarlo. Ante este escenario, que sólo un pesimista incurable podía imaginarse cuando comenzó esta aventura en tierras rusas, Lionel Messi cumple este domingo 31 años. Aunque el momento no amerita festejos estridentes en el predio de Bronnitsy, quizá el mimo de sus seres queridos y de sus compañeros en esta fecha tan especial levante el ánimo del rosarino. El mejor regalo, para todos, será verlo disfrutar otra vez de su amor eterno: la pelota.

Coincidencia

Casualidades del destino, será la segunda vez que Leo celebre su cumple en la víspera de un partido mundialista ante Nigeria, que marcará la culminación de la primera fase. Cuatro años atrás, en Brasil, el panorama era bien distinto: Argentina había ganado sus dos anteriores compromisos del Grupo F (2-1 a Bosnia y 1-0 a Irán) y ya pensaba en los octavos de final. El momento personal del crack también era opuesto al de hoy, pues había marcado un gol en cada uno de los cotejos mencionados. ¿Y cómo le fue ante los africanos? Convirtió un doblete en la victoria 3-2 (Ahmed Musa, el héroe "argentino" frente a Islandia, anotó los dos para los nigerianos). "Mi regalo perfecto sería ganar la Copa", escribió aquella vez en su cuenta de Facebook. Qué cerquita estuvo de lograrlo…

Con la selección

Este será el noveno cumpleaños de Messi con la celeste y blanca en la piel. El primero de ellos fue en 2005, cuando festejó sus 18 en Enschede, Holanda, en la antesala de los cuartos de final del Mundial Sub 20 ante España: al día siguiente marcó un gol en la victoria 3-1 (luego se daría el gusto de festejar ese título). Un año más tarde, en el Mundial de Alemania 2006, cumplió 19 con la pelota bajo la suela: ingresó en la sufrida victoria 2-1 del seleccionado de José Pekerman sobre México, por los octavos de final. Allí compartió la torta con Juan Román Riquelme, quien nació el mismo día.

Sus 20 lo encontraron en Venezuela, en plena preparación para la Copa América 2007, bajo la conducción del Coco Basile. En 2010 recibió como regalo en la concentración de Pretoria una camiseta de la selección autografiada por Diego Armando Maradona, técnico del equipo en el Mundial en Sudáfrica y que días antes, ante Grecia, le había entregado la cinta de capitán por primera vez. "Felices 23. Con todo mi cariño y admiración. Para Lío, tu DT Diego (10)", rezaba la dedicatoria.

En 2011 alcanzó los 24 pirulos en Ezeiza, afectado a la preparación para la Copa América de Argentina, que se tornó una pesadilla para el Checho Batista y compañía. Tras la mencionada estadía en Brasil, llegó la Copa América de Chile 2015: Leo sopló 28 velitas entre el tercer partido ante Uruguay y los cuartos de final frente a Colombia. Y en 2016, en la Copa América Centenario, lo hizo en la previa a la final con Chile, en Jersey City, Estados Unidos.

La debacle

Refugiado en su la habitación 221 del complejo de Bronnitsy, que comparte con su amigo Sergio Agüero, Messi atraviesa su momento más crítico en la selección, tanto en lo anímico como futbolístico. Ni siquiera su círculo íntimo entiende qué es exactamente lo que le pasa. En la mesa que comparte junto al Kun, Javier Mascherano, Ángel Di María, Nicolás Otamendi, Lucas Biglia, Éver Banega, Marcos Rojo y Nahuel Guzmán, todos intentan animarlo. Pero es Leo el único que puede salir de este bajón.

Los rumores sobre una crisis matrimonial con Antonela Roccuzzo y el supuesto quiebre en la relación con Jorge Sampaoli a raíz de las últimas decisiones tácticas que tomó el entrenador echaron más leña al fuego. Y esa tensión se refleja en el césped. Para colmo, el penal que le atajaron en el debut fue un puñal en el alma.

Su imagen revoleando la pelota al aire apenas finalizado ese partido ante Islandia fue una descarga de bronca pocas veces vista en él. Y su actuación contra Croacia, sin dudas la peor con la celeste y blanca, no hizo más que agudizar el problema.

Los números son escalofriantes: un remate al arco y sólo 24 pases correctos. ¡Hasta Willy Caballero tocó más veces la pelota! Ya no se trata de buscarle socios. Lo primordial es que se despierte de este letargo.

Un milagro

Todos esperamos la resurrección del crack. La esperanza sigue latente, aunque no encontremos argumentos sólidos para sustentarla. Porque la magia está ahí, escondida en su zurda. Quizá cuando hoy celebre un nuevo cumpleaños, Leo tome consciencia de que su última oportunidad para levantar la copa más deseada se le está escapando de las manos. Ojalá que cuando sople las velitas, también soplen vientos de cambio…