Había que ganar... es la realidad. Una selección juvenil que no tuvo un gran partido ante Uruguay, pero que tal vez ligó lo que no supo ligar en los encuentros pasados. Y a este equipo, a pesar de sus falencias, le alcanzó con el 1 y el 10. El 1, Roffo, con la seguridad en las salidas y con una pelota imposible que tapó a falta de cinco minutos para el final. Y el 10, Maroni, que fue el mejor de Argentina y luego del partido, tras el golazo que le permitirá al conjunto, clasificar a la siguiente etapa con sólo empatar ante Perú.

Lo primero que saltó a la vista fue el planteo equivocado del elenco nacional, más allá de los cambios que introdujo el técnico. Demasiados pelotazos que veía pasar Maroni, el mejor del equipo en el primer tiempo y el que intentaba armar juego, con un Gaich demasiado retrasado, no pensando en ataque.

Los pibes consiguieron un triunfazo (FotoBaires).

Además, el trío de volantes con Moreno, Sosa y Vera nunca fueron acompañantes para Maroni. Tampoco achicaba la última línea, lo que le permitió a Uruguay, en gran parte de la primera etapa, apretar a los centrales y con esto, tener algunas opciones frente al arco argentino. Ninguno de los dos tuvo profundidad, pero el que más jugó fue la Celeste, que de la mano de Schiappacasse y la velocidad de Núñez, complicó a un fondo argentino que no se mostró seguro.

Los 10 de ambos equipos fueron los que intentaron jugar. El argentino no tuvo eco, el uruguayo sí fue bien acompañado, aunque en definitiva el empate fue el resultado final de la etapa.

En el segundo tiempo el “milagro” futbolístico. Porque Argentina no es que mejoró, sino que empeoró su juego, hasta que apareció el ex Boca, ahora en Talleres, para meter el uno a cero. Luego, el equipo ganó en confianza, manejó más la pelota. Pero no fue todo color de rosas... los últimos 10 minutos fueron todos de Uruguay y allí la suerte jugó a favor.

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