E l trabajo de un dentista y el de un entrenador de fútbol no tienen nada en común. Sin embargo, Heimir Hallgrimsson ha sabido complementar bien sus dos facetas: no sólo comanda a la selección de Islandia, que tendrá la primera cita mundialista de su historia, sino que cuando no está con el buzo dentro de un campo de juego, lleva puesto un delantal blanco y se encuentra en un consultorio dental en las islas Westmann, donde nació, a media hora de Reikiavik, la capital del país.

 

"Solía trabajar de dentista desde las ocho de la mañana hasta las tres de la tarde, antes de entrenar desde las cinco. Toda mi jornada era trabajar. Cuando comencé a trabajar con la federación, empecé a ir menos a la clínica y este año casi no he ido. Tengo que admitir que extraño mucho poder ir al consultorio y atender a mis pacientes", expresó.

 

Una de las cosas que ayudó a entender a los jugadores fue el hecho de tratarlos como a un paciente que llegaba a su consultorio dental, pues cada persona merece un trato diferente porque se acerca a él con un tema distinto. "Tengo la suerte de tener una educación en odontología. En muchos sentidos, creo que ayuda a hacer lo que hacemos con los jugadores. Si eres dentista, tienes que tratar a un paciente, que a veces tiene miedo. En eso, el fútbol es parecido: ayudamos a los jugadores a que puedan dar el 100 por ciento en la cancha", explicó.

 

Cuando el sueco Lars Lagerback dejó la conducción técnica de Islandia, tras perder 2-5 con Francia en los cuartos de final de la Eurocopa 2016, Hallgrimsson tomó las riendas de Los Vikingos y condujo a su país hacia dos hechos inolvidables e históricos: clasificó a Islandia por primera a la fase final de una Copa del Mundo y, de yapa, también entró en el Libro Guinness de los Récords, ya que hasta ahora jamás un representante de un país con menos de un millón de habitantes había jugado un Mundial.

 

Sin embargo, el seleccionador nunca se la creyó: sigue con su vida rutinaria en el consultorio y también se lo suele ver en algunos bares charlando de fútbol con los fanáticos y con la gente de las islas Westmann, que conoce de toda la vida. Un entrenador poco convencional para una selección que dirá presente por primera vez en una Copa del Mundo.