De diván. O directo al psicólogo. Así se podría definir la actitud de la Selección argentina de los últimos tres años (al menos). Un equipo incapaz de imponer condiciones futbolísticas, claro está, pero por sobre todo carácter y personalidad. Eso fue lo que básicamente ocurrió en la noche del sábado en el Arena Fonte Nova de Salvador, durante el decepcionante debut del equipo dirigido por Lionel Scaloni.

De entrada nomás se vio lo que va a pasar durante este torneo. Un elenco nacional sin grandes ideas con la pelota y con una confusa estrategia (si es que tiene alguna). Pases a los compañeros, sin sentido y casi nunca destino. Al ponchazo. Y mucho de “que se arregle Messi”. Lo que sucede es que el fenomenal 10 de la Selección, hace rato que con la Celeste y Blanca no soluciona los líos (valga la redundancia).

Messi y un clásico: cabeza al piso (Fotos Fotobaires).

Hay que remontarse entonces, al menos para tratar de hacer un análisis con sentido, a la última etapa de las eliminatorias, al Mundial de Rusia y ahora a este comienzo en la Copa América de Brasil. El conjunto argentino nunca pudo llevarse por delante a ningún rival y mucho menos logró recuperarse con victoria de una derrota parcial. 

Ocurrió una sola vez, en aquel milagroso partido ante Ecuador, de visitante, por la última fecha del clasificatorio para Rusia 2018, con esa actuación mágica de la Pulga. Argentina empezó perdiendo a poco de iniciar el encuentro y con furia y vergüenza deportiva, lo dio vuelta para meterse de última en el avión hacia Moscú.

Pero de ahí en más, los partidos en que recibió un primer gol, los terminó perdiendo. Pasó con Croacia, con Francia y ahora con Colombia. Y salvo el “espejismo” en el partido con los a la postre campeones del mundo, en el que pudo dar vuelta el resultado durante el transcurso del cotejo pero terminó con derrota, la imagen fue siempre la misma. Cabezas gachas, nerviosismo, desesperación y desaparición. Y decimos desaparición, porque en esos instantes donde la pelota quema y se requiere de un líder futbolístico y espiritual, Argentina jamás los tuvo. 

Lo Celso, por el piso, como todo el equipo.

Cuando Jorge Sampaoli se sentaba en el banco de suplentes, mucho se hablaba acerca de su poca o nula pericia para “llegarle” al jugador. De hecho, de manera increíble, en pleno Mundial de Rusia, la relación entre jugadores y entrenador se rompió por completo. Ahí fue cuando Scaloni, que integraba ese cuerpo técnico junto con Sebastián Beccacece tomó protagonismo y ofició de nexo entre Sampaoli y los jugadores.

En ese momento, el actual DT argentino construyó una sólida relación con los integrantes del plantel, lo que permitiría que, sin ninguna experiencia previa, pasara a dirigir nada menos que a la Selección. Se esperaba, por lo tanto, que con la confianza adquirida, pudiera trabajar sobre el aspecto psicólogico y anímico de los futbolistas.

Está claro que a estos muchachos, la mayoría consagrados en las ligas más importantes del mundo, muchos fundamentos técnicos no podrá darles. No sólo por su marcada inexperiencia, si no porque tienen grandes condiciones. La gran falla de Scaloni es no haber podido entender que a esta Selección “le falla la cabeza”. Veremos (y esperemos), que el cimbronazo Colombia permita que las cosas cambien.

Ver más productos

El beato Juan de Licio, en el recuerdo de la iglesia católica.

La iglesia recuerda hoy a beato Juan de Licio

Macri planea resolver la transición por decreto

Macri planea resolver la transición por decreto

El Papa no tiene previsto visitar Argentina en 2020

El Papa no tiene previsto visitar Argentina en 2020

Ver más productos

Comentarios