Su imponente y colorida fachada nos traslada en un abrir y cerrar de ojos al pasado y nos remite a un cuento de hadas, princesas, valerosos caballeros y dragones. Y una vez que cruzamos su portal, conmueve la belleza de sus construcciones de madera. Izmailovo, el otro Kremlin de Moscú, es mágico. Ubicado a 35 minutos en subte de la Plaza Roja, esta ciudadela recrea la arquitectura rusa del siglo XVII y sus emblemas son el Palacio del Zar -con su restaurante de comida tradicional- y la Iglesia de San Nicolás.

Allí también pueden visitarse los museos del Vodka, de los Vestidos y de la Vida Rusa. Y en uno de sus extremos funciona la feria que en estos días atrae a los fanáticos del fútbol, que por unas horas deciden escapar de la fiebre mundialista. Es el lugar perfecto para comprar todo tipo de souvenirs: artesanías, antigüedades, reliquias de la era soviética y de la grandes guerras -desde armas hasta uniformes del ejércitos-, típicos gorros y prendas de pieles, las famosas muñecas Matrioshkas pintadas a mano, cuadros de los líderes políticos de la rica historia del país, cajitas musicales, remeras, pósters, monedas… Los precios son más baratos que en las tiendas céntricas. Y el regateo está a la orden del día.

“Este gorro cuesta 1.000 rublos (434 pesos) y este otro 800 (347)”, anuncia un vendedor en un inglés rudimentario. Después de muchas idas y vueltas, de algunas muecas y gestos de disconformidad de ambos lados del mostrador, cuatro gorros -dos de los caros y dos de los más económicos- cambian de mano por unos 2.000 rublos (869 pesos).

“Me compré 20 por 500 rublos cada uno”, nos comenta Marcelo, de Junín, el rey argento del regateo. “Nos encantó el lugar y nos compramos de todo. Hay que pelear siempre el precio. Primero te dicen que no, pero después aflojan. El límite de los rusos es cuando te hacen gestos con los manos para te vayas de ahí”, cuenta Diego, quien con cuatro amigos de Santa Fe pasaron toda la mañana entre los pasillos de esta parada imperdible para todo turista. 

Enviado especial a Rusia

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