La ceremonia inaugural es uno de los momentos más esperados de los mundiales. Muchos recuerdan la apertura de Italia 90, con su inolvidable canción, los bailes y los globos. La de Francia 1998, con muñecos enormes caminando por París y los más memoriosos hasta la de Argentina 1978, con los chicos vestidos de gauchos y gimnastas formando el logo de ese evento en el estadio Monumental de River.




 


Pero en la jornada inicial de Rusia 2018, la originalidad, el despliegue y por sobre todas las cosas, una mínima referencia a la cultura o el arte rusos, brillaron por su ausencia. Esta versión del show que antecedió al estreno futbolístico, obedeció en grado sumo a los tiempos que corren: marketing y un lenguaje internacional.

Antes de que actuara Robbie Williams, calzado en un estridente traje rojo, camisa negra y con un corte de pelo al mejor estilo de los jugadores de fútbol (o viceversa), la FIFA hizo ingresar a dos ex campeones mundiales. El arquero español Iker Casillas, ganador en Sudáfrica 2010, ingresó con la Copa Mundial original, que se introdujo para Alemania 1974.

Las bailarinas en plena coreografía. (Reuters).

Luego, el Gordo Ronaldo, aquel inolvidable 9 de Brasil que levantó el trofeo en dos oportunidades,  en 1994 y 2002, que no se animó a arrimarse al escenario donde el artista británico comenzó a interpretar una de sus irónicas canciones: “Let me entertain you”.

A puro color y movimiento con bailarines en pleno campo de juego, Williams incorporó a la soprano rusa Aida Garifullina, quien con su impresionante voz cantó a dúo con el ex Take That el tema “Feel”. Ese fue uno de los momentos de mayor calidad y emotividad, habida cuenta de que el público acompañó a su connacional con mucho entusiasmo.

Fanático uso con las emociones a "flor de piel". (AFP).


Para cerrar, Robbie interpretó una de sus canciones más exitosas y también antiguas. Sonó Rock DJ y para muchos de los 78.011 espectadores presentes en el estadio Luzhniki, quedó claro que el show nada tuvo que ver con Rusia.

Las bailarinas representaron a todos los participantes. (Reuters).


La ceremonia fue casi un calco, en estilo y estética, de las que se celebran en la previa de la final de la Champions League de Europa. Quedó en evidencia la mano del suizo Gianni Infantino, presidente de la FIFA desde la renuncia de Joseph Blatter y su visión europea de la organización del fútbol. Blatter, de la misma nacionalidad, contaba con la experiencia de haber sido el segundo del brasileño Joao Havelange y, como todos los argentinos sabemos, en los últimos años seguía los lineamientos del caudillo de Sarandí, don Julio Humberto Grondona.

Los malabaristas también se hicieron presentes en la ceremonia. (Reuters)

Corta, sólo 30 minutos, efectiva pero carente de tradiciones, música y cultura rusas. Una versión decepcionante de lo que el ex gigante soviético pretende mostrar al mundo, incluso de lo que se desprende de las palabras del presidente Vladimir Putin, en plena ceremonia inaugural: “Espero que tengan una experiencia inolvidable. Hemos abierto nuestro país y nuestros corazones al mundo”. Todos entendemos el negocio, sólo les faltó mostrar quiénes son los rusos.

Iker y la modelo se encargaron de llevar la copa a su pedestal.



Las mejores imágenes del show de Robbie Williams