Que se haya dado el resultado que se esperaba en el duelo Nigeria-Islandia no implica que el equipo haya sido dado de alta. Es cierto que ya no permanece en terapia intensiva pero al menos por tres días, los que nos separan del momento de la infartante definición del Grupo D, se encontrará bajo un estricto control para no evitar recaídas. Trasladado al mundo de la pelota, Argentina está viva. Respira por sus propios medios, se comunica sin inconvenientes y se permite soñar. Eso implica que ahora puede dormir, después de una noche que fue de pesadilla pura. El equipo de Jorge Sampaoli logró lo que perseguía: llegar al bendito martes 26, día en que será evaluado definitivamente, con posibilidades de hacer vida normal. Esto será realidad si se diera una clasificación que 24 horas atrás sonaba a quimera y ahora pinta como probable.

Lo que está claro, y se sabía desde el momento en que quedó sentenciado el 0-3 con Croacia, es que el equipo no dependerá de si mismo para acceder a los octavos. Aunque ésta no es una situación novedosa para la Argentina. Es que ya la vivió y, afortunadamente, con final feliz. 

Fue en 1974, en el mundial organizado -y ganado- por Alemania Federal. El equipo argentino, dirigido en aquella oportunidad por Vladislao Cap, integraba el Grupo 4. Disputadas dos fechas, se ubicaba en el tercer lugar con sólo una unidad (producto de un empate con Italia luego de caer ante Polonia en el debut). El líder era el conjunto que tenía como principal figura a Lato con 4 unidades, una más que Italia. Detrás de la Argentina se encontraba únicamente la ya eliminada Haití, sin puntos.

El panorama no era muy alentador pues si bien la Albiceleste debía enfrentar al conjunto centroamericano, los representantes europeos, puntero y escolta, se medían entre sí. Y había un elemento que asustaba: el empate los clasificaba. Por si eso fuera poco, existía un nuevo motivo para no estar tranquilos: Argentina, con una diferencia de gol de -1, sólo podía darle alcance a Italia, que tenía +2. Panorama complicado, por cierto.

Se pudo festejar

Como era de esperar, en el Olímpico de Munich Argentina dio cuenta de la limitada Haití por 4-1 con tantos de Héctor Yazalde en dos oportunidades, René Houseman y Rubén Ayala. Justo hoy se están cumpliendo 44 años de ese encuentro. Pero faltaba una manito polaca. Pues si existía acuerdo tácito, pasaban los dos del Viejo Continente. Al llegar al vestuario, los jugadores de la Albiceleste estallaron de la emoción. Polonia había superado por 2-1 a Italia y nuestro equipo, por diferencia de gol (+2 conttra +1) se metió en la siguiente instancia. Allí no hubo nada que hacer. Encuadrado en el Grupo A, terminó en último lugar detrás de la poderosa Holanda, Brasil y Alemania Democrática. Pero ese fue otro tema. Lo más importante fue recordar la instancia de fase de grupos en la que Argentina llegó al tercer partido sin depender de sí misma. Y le fue bien. Que el martes la historia se repita.