La primera jornada de la Copa Mundial de la FIFA en Rusia dejó varias situaciones curiosas. Es sabido que los habitantes de este país no viven el fútbol con la pasión con la que lo hacemos los argentinos. Pero llamó la atención que, por tratarse del primer evento de este tipo en Rusia, por ser anfitriones y por la ansiedad que genera el estreno en semejante competición, se viviera con moderado fervor en las tribunas.

Si bien el imponente estadio Luzhiniki de Moscú, escenario del partido inaugural y de la final, estaba casi colmado (78 mil espectadores de los 81 mil que tiene como capacidad máxima), casi no se escuchaba el aliento del público para los jugadores del elenco local. Ninguna canción como las que estamos acostumbrados a cantar los argentinos y sólo el murmullo típico que se produce en las jugadas de ataque. Una verdadera heladera.

 

Birra sí, gaseosa no
Una situación siempre llamativa para los argentinos en los Mundiales, es la venta de cerveza en los estadios, algo impensable de realizar en el fútbol argentino. Y en Rusia, no es la excepción: se comercializa de la marca que patrocina el evento y se vende en 350 rublos, unos 160 pesos aproximadamente. Pero lo que sobresalió en esta jornada inicial, fue que para adquirir una “birra”, la fila alcanzaba los 60 metros, mientras que para comprar una gaseosa, en el stand contiguo, sólo había 5 personas…

 

 

La ola no está de fiesta
Un clásico de los Mundiales es la ola. De hecho, se hizo por primera vez en Mexico 86 y de ahí se instituyó como un elemento de color en las tribunas en cualquier competición. Pero este jueves en el Luzhiniki, ante la falta de adrenalina de los rusos, hasta la ola les salió mal. Descoordinación, perplejidad y no entendimiento de su funcionamiento exhibieron, lejos, las peores olas de la historia de los Mundiales.

 

Presidente, “limpio”
Vladimir  Putin es un personaje enigmático, con rostro de pocos amigos. Gobierna Rusia hace 20 años con mano firme y su aparición con discurso incluido luego de la ceremonia inaugural, era todo un desafío de popularidad. Pero el mandatario salió indemne y fortalecido: todo el estadio lo aplaudió cuando asomó en la tribuna y al finalizar sus palabras. Sin embargo, un detalle marcó su aparición: los micrófonos con los que se expresó, parecían escobillas para limpiar inodoros…