Cada vez que se cruzan Alemania-Argentina le regalan pantallazos a la memoria. Es que si bien se sitúan en continentes distintos y no protagonizaron ningún conflicto bélico, lograron confeccionar un clásico electrizante.

No es para menos: si de mundiales se trata, la final de México 86 entró en la inmortalidad, pero después fueron todas alegrías teutonas, ya que disfrutó en Italia ´90, Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014; distinta es la tendencia en compromisos amistosos, donde el combinado nacional suele evidenciar cierta supremacía.

Y si bien esta tarde no se impuso, rescató una igualdad positiva. Esto se debe a que jugó un primer tiempo para el olvido (se fue al descanso dos goles abajo) y lo revirtió en el complemento a partir de los cambios, cerrando un 2-2 con tinte favorable.


En la primera etapa fue un monólogo de los europeos. Quedó en evidencia que se trató de una idea afirmada (Joachim Low lleva 13 años en el cargo) frente a una propuesta que está en formación, y si bien cumplió una buena versión en la Copa América, está lejos de las principales potencias.

En ese sentido, al dueño de casa le alcanzó un cuarto de hora para desnivelar: a los 15 Lukas Klostermann escaló por el sector derecho y envió un centro preciso para que Serge Gnabry decretara el 1-0 parcial.

Sin embargo, no se conformaron con la mínima diferencia y esa ambición le permitió ampliar la cuenta prácticamente de inmediato, ya que a los 21 minutos Marcos Rojo cometió un error infantil y Kai Havertz no perdonó al marcar el 2-0 con el que se fueron al vestuario, debido a que el palo le ahogó el descuento a Rodrigo De Paul.

En el complemento la tónica cambió de manera sideral, teniendo en cuenta que el entrenador del combinado nacional comprendió que las herramientas para revertirlo estaban mirándolo desde afuera.

Es que Argentina se adelantó varios metros, tomó la iniciativa y contó con el guiño de los ingresaron, quienes aprovecharon su momento.

Sin ir más lejos, a los 20 minutos Lucas Alario achicó la ventaja después de un centro preciso de Marcos Acuña; posteriormente el propio Pipa comandó una patriada que culminó en los pies de Lucas Ocampos, que estableció el 2-2 definitivo.

Y por si fuese poco, en el tramo final la imagen fue mucho más decorosa para la Albiceleste que para el conjunto Teutón, que se desdibujó y se aferró a la igualdad.  

 

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