Por Horacio Pascuariello 
@cronicapesca 

El gran párate que produjo la pandemia tuvo entre otras consecuencias permitir a la naturaleza volver a ocupar espacios que antes eran permanentemente invadidos por el hombre, de esta forma muchos de estos sectores pueden ser visitados con la expectativa de lograr dar con aquellos peces que quedaron ahí a la espera de nuestros engaños hace 8 meses atrás.

Con esta premisa partimos muy temprano con mi amigo Ariel Figueroa camino al segundo puente de Zarate para embarcar en la prolija guardería Los Pinos, antes pasamos por el kilometro 78 de la ruta 9 a buscar toda la munición posible en lo del “Potoco” el está desde muy temprano y nos preparo posta de sábalo, tripa de pollo, una pasta excelente que nos dio bogas al final del día, y anguilas, las morenas son casi imposible de conseguir por ahora.

1  Nos dimos el gusto de lograr excelentes tarariras de todos los tamaños

Navegamos aproximadamente 40 minutos para llegar a una entrada custodiada por juncos, una boca de aproximadamente 20 metros que a primera vista no prometía mucho, pero que de inmediato logro captar mi atención cuando Ariel apago el motor y en silencio iba buscando las partes más profundas para que la proa se vaya haciendo lugar entre camalotes.

1  Nos dimos el gusto de lograr excelentes tarariras de todos los tamaños

Con la seguridad de alguien que dejo enterrado un tesoro me dijo en voz baja: Acá es, y brevemente me explico, hay muchas pero son mañeras, y arrancan a comer cuando el sol esta a pleno y calienta un poco el agua. Así fue, esa era la primera parte del manual, lo demás lo iba ir descubriendo durante la mañana.

  Nos dimos el gusto de lograr excelentes tarariras de todos los tamaños

De entrada pensé en tentarlas con alguna carnada, así que mientras mi compañero tiraba señuelos yo probé con boyas, cambie líneas y profundidades, tuve las clásicas lentas llevadas típicas de la tararira pero sin llegar a clavarlas, por lo tanto después de un par de horas estaba claro que eso no andaba. Nos movimos muy despacio adentrándonos en un riacho con mucha vegetación en suspensión pero con lindos claros para pasar los señuelos, el sol ya se hacía sentir y agradecí mi previsión de haber llevado remeras mangas largas con filtro uv, pantalones largos y gorro que me protegía la nuca y las orejas, ser precavidos en la indumentaria es fundamental, nos puede llegar a complicar el día de pesca o dejarnos fuertes quemaduras si nos confiamos.

Buenos señuelos para obtener grandes capturas. 

Se dio la primera, cerca, en un tiro corto y tomo el señuelo como con desconfianza, así que se fue, lo bueno era saber que ya estaban activas, Ariel tiene un violento pique y solo se escucho un”Tac” el latigazo seco que produce el corte de nailon, por la tanto ya el tema se puso serio y arrancamos a tirar los señuelos con mucha atención.

Por fin logramos arrimar una, hermosa en colores y tamaño, estaba muy enojada y apenas agarrada del anzuelo, se notaba que no mordían firmes, atacaban sí, pero no completamente convencidas, y además tenían sanguijuelas en la panza señal de que estaban bien abajo. Curiosamente mis señuelos de marcas renombradas no tenían los piques esperados hasta que cambie a los que me recomendó mi compañero, mientras los tiraba me decia que eran caseros, los había armado en base a las pruebas que había hecho en esa estructura de pesca, la cual tiene vegetación arriba y abajo y profundidades de entre un metro y 60 cm.

Esta combinación de spinner y  antienganche lastrado terminado en una gomita era mortal, llegaba a la profundidad justa y las provocaba lo suficiente para sacarlas de sus nidos y de la vegetación a donde correteaban mojarras. Fueron unas tres de horas de intensos piques, tras barrer un lugar nos movíamos para sacar otras, por supuesto todas volvieron al agua y muchas volvían solas después de arrastrarlas con velocidad hasta la embarcación.

Como empezó se paró la fiesta, era demasiado calor y a las 13 decidimos comer algo refrescarnos y acercarnos a la entrada que daba al Rio Paraná para probar la pesca variada y tentar algún dorado. Acá no tuvimos tanta suerte, piques perdidos, descarnadores que nos pelaban los anzuelos y falsas alarmas en las líneas encarnadas con anguilas en busca de dorados, solo las bogas se mostraron amables a nuestras ansias de meses de encierro, salieron algunas con masa , se las veía moverse rápidamente y los piques hacían que la ultima parte de la salida fuera entretenida. 

A las 16 empredimos el regreso por el mismo derrotero disfrutando de esa mezcla de viento y agua en la cara que tanto esperábamos sentir desde hace meses, en el camino vimos aficionados al bagre de mar en el centro del rio esperando el pique y un regular ir y venir de embarcaciones buscando la pesca. Queda la promesa de volver y explorar mucho mas esas costas llenas de recovecos para probar nuestros humildes conocimientos y disfrutar de la naturaleza y los paisajes.

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