Dueño de un carisma único, no sólo se destacó por su indiscutida habilidad al volante, sino que también fue un innovador para la época. Preparador de su propio auto, Oscar Alfredo Gálvez abrió, junto con su hermano Juan, el camino de una dinastía que dominó el pulso del Turismo Carretera durante una década y media a base de triunfos y campeonatos, siempre con su recordado Ford V8.

Nacido un 17 de agosto de 1913, el Aguilucho fue el que dio el puntapié inicial a la pasión fierrera de la familia ya que, a los 10 años, ayudaba a su hermano mayor Marcelino Luis en el taller familiar. Con 15 años él y 12 su hermano Juan, los inquietos adolescentes ya deseaban comprar un auto propio, algo que concretaron en 1934 cuando compraron un Ford T que guardaban en el galpón de un amigo, a escondidas de su padre que no apoyaba la afición por los fierros. Tras dejar los estudios, Oscar le dio rienda suelta a su pasión y, con ese auto, ganó varias picas. Ese fue sólo el comienzo…

La primera aventura

Enterado de que en 1937 se disputaba un Gran Premio de Turismo Carretera que unía las ciudades de Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Santa Fe, y que fue la primera carrera de la legendaria categoría (la ganó Ángel Lo Valvo, Hipómenes) preparó el Ford modelo 35 y se lanzó a la aventura con Horacio Mariscal como acompañante. Y la cosa venía bien porque, con un auto precario con relación al resto de los competidores, llegaron sextos a Rosario en la primera etapa pero, en la segunda, debieron abandonar por un vuelco que les dejo algunos golpes leves. “Allá por la tierra nos perdimos. Dábamos vueltas y vueltas sin encontrar la ruta. Estábamos primeros saliendo de Rosario y segundos a medio minuto en Córdoba. ¡Qué lástima!, íbamos tan bien”, contó Gálvez.

Se hizo esperar

Las victorias en el TC llegaron rápido para el Aguilucho, que debutó como ganador el 20 de octubre de 1939 al imponerse en el Gran Premio Argentino, haciendo doblete en la carrera siguiente, el 10 de noviembre, al festejar en el Gran Premio Extraordinario. Pero entre la aparición de Juan Manuel Fangio, con quien forjó una gran pero respetuosa rivalidad, y el paréntesis por la Segunda Guerra Mundial, tuvo que esperar hasta 1947, donde se inició su etapa dorada. Ese año, un 30 de noviembre, ganó el GP Internacional que unió Don Torcuato, Chile y Luján, victoria que le permitió ganar su primer campeonato.

El Ford V8 del Aguilucho, auto con el que se cansó de ganar.

Bicampeonato y dominio con Juan

Dos triunfos, en el Mar y Sierras y en el en 2° tramo del maratónico GP América del Sur, fueron suficientes para que el Aguilucho conquistara su segunda corona. Luego, en el tetracampeonato 49-50-51-52 de su hermano Juan, fue subcampeón en el 49 y volvió en encadenar otro bicampeonato en el 53 y 54, donde consiguió siete victorias en esas dos temporadas. Del 55 al 60 fue subcampeón otras tres veces hasta llegar a 1961, donde logró su quinta y última corona anotándose tres victorias: en Bahía Blanca, en las 500 Millas Mercedinas y en el GP Argentino.

Último triunfo y retiro

El 16 de septiembre de 1962, el Aguilucho logró el último triunfo de su rico historial al imponerse en la Vuelta de Salto mientras que, dos años después, tras disputar al comando de un Ford Falcon la Vuelta de Junín un 18 de octubre de 1964, se retiró  del automovilismo a los 51 años dejando una huella imborrable e instalándose, definitivamente, entre los más grandes del Turismo Carretera.

 

Por Cristian Re

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