En un deporte que debutó a nivel olímpico, las chicas escribieron historia de la grande. El Seleccionado femenino de beach handball consiguió subirse a lo más alto del podio al derrotar en la final a Croacia por 2-0 y conquistar así la primera presea para la especialidad.

Sin lugar a dudas, el hito obtenido por las chicas quedará guardado en la retina de todos los fanáticos del deporte. Es que con las atajadas de Rosario Soto –clave en todo el torneo-, la defensa de Belén Aizen y Zoe Turnes, y la “magia” de Carolina Ponce, el representativo nacional fue un equipo que solamente cayó en la primera fecha de la fase de grupos cuando se midió ante Holanda.

El estadio ubicado en Parque Sarmiento quedó chico para todos los fanáticos que querían ver a las Kamikazes. Desde muy temprano en la mañana realizaron filas para poder ver en vivo la presentación del Seleccionado. Claro, sabían que el show estaba garantizado. Pero antes de llegar a la gloria, tuvieron que sufrir en las semifinales. Es que se las vieron frente a Hungría, actual campeón del mundo de la especialidad. Y fue en el “shoot out” donde pudieron festejar y asegurar la presea. En ese encuentro, Turnes resultó clave ya que con atajadas y bloqueos en momentos clave impidió que las europeas se quedaran con el triunfo.

Ya en la definición, dos horas antes del inicio del mismo no cabía un alfiler en las tribunas. Banderas y gritos de aliento se multiplicaban a medida que la hora se aproximaba. En ningún momento el clima dejó de ser una fiesta. Es que desde adentro de la arena, las chicas lo único que hacían era contagiar tranquilidad y confianza de que estaban dejando la vida por obtener el oro.

A pesar de que el primer parcial lo ganaron por 14-10 y el segundo por 18-16, la paridad solamente fue en el tanteador, porque adentro de la cancha solamente hubo un equipo que dominó las acciones y ese fue Argentina.

“Logramos lo que hace muchos años soñamos. Por suerte se nos cumplió”, comentó Caterina Benedetti, quien terminó con varios golpes en su cuerpo y rostro producto de la intensidad con los que afronta los partidos.

“Es un reflejo de todo el esfuerzo que dimos. De entrenar en una cancha sin arena ni arcos a estar arriba en un podio olímpico es un orgullo para nosotras. Estoy muy feliz, muy contenta”, sentenció.