Muy parejo el combate entre GGG y Canelo. (AFP)

No hay caso. Cuando el boxeo de primerísimo nivel mundial muestra sus mejores galas para un enfrentamiento en su segunda versión y con varias coronas en juego, entre dos de los mejores exponentes pugilísticos de la actualidad, que la polémica se instale en un fallo no unánime de un colosal combate, pero que inunda de quejas y protestas entre miles de aficionados en las redes sociales, no es bueno para la salud de este noble deporte.

Más allá que el resultado deja una puerta abierta a un tercer pleito, también produce un enorme interrogante sobre si el negocio termina por influir más allá de lo estrictamente deportivo.

Todo eso terminó por "condensarse" en la segunda edición entre el ahora nuevo campeón mediano, el mexicano Saúl Canelo Álvarez, quien despojó en un fallo injusto al kasajo Gennady GGG Golovkin, dejándolo sin invicto, con la justicia mirando para otro lado, tras una gran demostración efectuada en el T-Mobile Arena de Las Vegas, Estados Unidos, donde miles de mexicanos festejaron un resultado con tintes evidentemente dudosos, ante la ausencia del nocaut que lo endereza todo.


Aquella vez en 2017, en la primera edición del choque, la salomónica igualdad en fallo mayoritario había reflejado con mucha más claridad lo que había sucedido sobre el cuadrilátero, porque un Canelo diferente al de sus habituales planteos, menos fajador y con una estrategia más defensiva, pudo llegar a sorprender al por entonces veterano monarca.

En cambio, esta segunda confrontación y sobre el ring superó las expectativas, con dos actores plantados siempre en media y corta distancia, dispuestos a no huir a la lucha -como había hecho el azteca en algunos pasajes del 2017- y con el árbitro Benjii Estevez como un mero espectador de lujo, ya que apenas si trabajó.

La pelea fue franca, pareja, ajustada, con intercambios vibrantes y ambos buscando el nocaut. Pero en ese contexto, y más allá del mayoritario aliento para el azteca, fue Golovkin quien hizo un poquito más como para no perder sus cetros.

Ambos terminaron con cortes y sus rostros machucados, y aunque la paridad se sostuvo y ninguno estuvo sentido, fue el kasajo quien logró sacar leves pero visibles ventajas en los últimos asaltos - a excepción del último- mostrándose mejor físicamente y más activo, con un jab de izquierda perfecto, y a pesar de la gran calidad que tiene un Canelo más joven y evidentemente más marketinero, que ahora sí se "fajó" como le gusta a sus compatriotas.

Lo cierto es que, al momento de la lectura de las tarjetas, mientras un juez anotó 114-114, para dejar abierta la cuenta, los otros dos oficiales anotaron 115-113 para Álvarez. Según nuestras tarjetas la historia fue 115-113 para GGG. Y conocidas las puntuaciones en detalle, se notaron que en estas últimas cartulinas mostraron vencedor al Canelo en los rounds en los que justamente había sido superado.

Así, el púgil manejado por Oscar De La Hoya, con 28 años, se quedó con toda la gloria ante un GGG que, a los 36 años, habiendo terminado mejor físicamente y con una imagen dominante, demostró ser un guerrero que merecía otra suerte. Claro, muchos ya deben estar pensando en un tercer pleito. La pregunta que cabe hacer entonces es: ¿Con tan buen espectáculo brindado, no valdría la pena que los jueces fallen plena justicia para entonces?

Declaraciones de ambos pugiles




Así se abrazaron ambos púgiles cuando finalizó el combate. (AFP)

Por Jorge Fernández Gentile

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