Por Mariano Atanasoff
Diario Crónica
@matanasoff

Y un día, dijo adiós. Esa palabra que todos los amantes del básquet no queríamos escuchar, Emanuel David Ginóbili la pronunció: retiro.

A los 41 años, y tras 23 años de brillante carrera, el bahiense anunció que no jugará más y se abocará a su esposa e hijos.

En su casa natal, jamás imaginó que sería el hombre que desafió los límites y transformó la historia del deporte. Porque muchos no le tenían fe ya que "era muy flaquito" o "era muy bajo". Siempre luchó contra todos. Incluso frente a su mamá Raquel, quien no quería que se vaya a La Rioja para debutar como profesional en Andino.

¿Qué hubiera pasado si le hacía caso y se quedaba estudiando? Quizá hoy no sería tapa de todos los sitios de internet y diarios del mundo…

Manu, con su talento inigualable, se ganó un lugar entre los grandes jugadores, no sólo de nuestro país, sino también en el mundo NBA, aquel que miraba de chico y en el cual soñaba estar.

Cuando San Antonio Spurs lo drafteó en el puesto 57 (de 60) en 1999, pocos creerían que llegaría a transformarse en una leyenda. Pero sorprendió a propios y extraños al punto tal de que lo mencionan como un posible integrante del prestigioso Salón de la Fama, lugar que ningún argentino integra.

El 17 de enero de este año, comprobé en el Barclays Center de Brooklyn el amor que generó a desde 2002 en suelo estadounidense. "Manu, Manu, Manu", se escuchó una y otra vez en el estadio, sin importar que los Spurs era visitante.

Es que el "fenómeno Ginóbili" trasciende de fronteras. No es algo nuestro ni tampoco norteamericano.

Manu es amado y respetado en todas partes del mundo y por su talento y su carisma, logró entrar en el corazón de los amantes de este deporte.

En una jornada que tenía que ser de celebración, ya que se cumplieron 14 años del histórico triunfo contra Estados Unidos en Atenas 2004, el 20 de los Spurs decidió colgar las botas. Gracias, Manu. Gracias por todo. El hombre ya descansa con sus seres querido, pero la leyenda sigue vigente.

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