Ricardo Rivera, ex tenista, es un personaje significativo dentro del mundo del tenis a nivel local e internacional. Conocía mejor que nadie, técnicamente, a los tenistas argentinos. Fue subcapitán de Copa Davis, cuando se desempeñaba como presidente de la Copa Federación, y el capitán era Modesto Vázquez, que superó a nuestro querido Guillermo Vilas cuando se postuló públicamente para ejercer el cargo. Las serias diferencias con la Asociación Argentina de Tenis, se lo impidieron. Rivera, con sus enormes conocimientos técnicos, fue durante los últimos once años de su campaña el coach de Vilas, recomendado por el eximio preparador físico Juan Carlos Belfonte. Y por eso es palabra autorizada para hablar del gran Willy.

–¿Qué fue lo más sorprendente de Guillermo?

–No fue una sola cosa, hubo varias. Su cabeza fuerte, invencible y caprichosa. Su fortaleza para entrenar fue asombrosa. Con Tiriac no podíamos creerlo. Entrenaba de 9 a 10 horas por día, con sol, lluvia y frío. Ensayaba un golpe doscientas veces, hasta que quedaba conforme. Lo hacía siempre, no solamente una vez. Lo mismo con el saque, en una semana sacaba quinientas veces. Su obsesión era indescriptible, difícil de explicarlo. Conozco el mundo del tenis y jamás observé algo igual a Guillermo. La cabeza de Vilas, actualmente, podría compararse con la de Rafael Nadal, en eso podía llegar a superar a Roger Federer, que tenísticamente es el mejor de la historia.

Rivera acompañó a Vilas durante más de una década.

–¿Por qué nunca pudo ganar Wimbledon?

–De alguna manera fue inexplicable, porque Guillermo ganó el Masters del ’74 y Australia del ’78 en piso de césped. En la cancha de Wimbledon, en esa época, por buscar algún motivo, las pelotas corrían más rápido que en cualquier otra cancha y rebotaban más alto. Que complicaban las devoluciones. Los tiros más utilizados eran saques y voleas solamente. El suelo, además de césped era arcilloso y seco, no podías resbalar nada. Estos fueron algunos motivos que perjudicaban el juego de Vilas, por eso llegó como máximo a Cuartos de Finales.

–¿En 1977 fue número uno del mundo?

–No te quepa la menor duda, fue sin ninguna duda el mejor de todos. Lo perjudicó el sistema aplicado por la ATP del ranking. Porque dividían la cantidad de torneos ganados por 12 meses. Es imposible, porque de los 16 torneos que ganó Guillermo en el ’77 todos no valían la misma cantidad de puntos. Ni haber conquistado dos Grand Slams como fueron Roland Garros y el Abierto de Estados Unidos, le alcanzó. ¡Una injusticia! Después se cambió el procedimiento.

–¿El revés resultó su golpe de mayor relevancia?

–Con el revés hacía lo que quería, el smash de revés fue el mejor del circuito. También tiraba geniales passing y drops. Era muy completo, porque de drive también le pegaba potente y con precisión. El saque cuando le funcionaba era aces. Voleaba bien y sus globos fueron históricos. Vos le mirabas el brazo izquierdo a Guillermo y parecía una pierna.

–El humor significó una cualidad notable en Vilas...

–Y se preocupaba por tener un mejor sentido del humor. Recuerdo que las cosas o anécdotas graciosas, las anotaba en un cuaderno. Llegamos una semana antes del Torneo de Conde de Godó, en Barcelona y una noche estábamos cenando en un restaurante y un español se acercó y comenzó a contar sus exageraciones, nos hacía reír mucho. No relató que en una comida se comió cuatro merluzas con sus correspondientes ensaladas. Willy era de muy buen apetito, entrenaba mucho y comía mucho. Unos días antes de la competencia se comió seis merluzas y seis ensaladas. Ni el mozo ni yo, lo podíamos creer. Me miró y me dijo: ¿le gané al gallego no?

Por Alfredo Luis Di Salvo

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