El tipo quiere volver y con la meta ahí adelante, se muestra tenaz. Después de haberse sometido a cuatro operaciones en su rodilla derecha, de hacer intentos por regresar al circuito pero tener que frenarse porque sus dolores y los estigmas no le permitían seguir, tener que ingresar nuevamente al quirófano, viajes, consultas médicas... Ahora que todo ese combo empieza a querer ser parte del pasado, Juan Martín Del Potro no se permite aflojar.

Y se entrena para estar. Y lo hace con calor, con una férula en la rodilla derecha, con dolores, con humedad, con el Peque Schwartzam, con Sebastián Báez, con sus entrenadores. Simula puntos, busca recuperar golpes, trabaja ángulos, desplazamientos, todo lo que hace a un tenista. Resiliencia pura. Fe en si mismo. 

Y, tal como sucedió anoche cuando se movió en el court principal del Buenos Aires Lawn Tennis, la tarde del jueves lo tiene ahí. Firme. Trabajando incesamente, ya sin nada sobre su rodilla. Abriéndose para pegar de drive y que el punto finiquite con ese golpe característico. Made in Tandil. ¡Señoras y señores, Delpo ya casi está de vuelta! 

Porque lo necesitaba y el tenis argentino, también. Porque su alicaída economía, luego de haber atravesado situaciones difíciles producto de algunas cuestiones que tuvieron que ver con su padre, también lo espera. La wild car de Martín Jaite le abrió la puerta a su regreso. El Abierto de Buenos Aires y la Catedral reciben y esperan por las tribunas llenas para uno de sus mimados. Será la semana que viene. A la vuelta de la esquina.  

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