Los Juegos Olímpicos de la Juventud llegaron a su fin y, con ello, llegó la hora de realizar un balance de lo que fue la incursión de Buenos Aires como sede de un evento deportivo de tal magnitud por primera vez. En cuanto a lo deportivo, sin lugar a dudas que los chicos argentinos cumplieron ampliamente las expectativas, incluso en varios deportes superándolo.

Desde la ceremonia de apertura hasta la de clausura, el evento deportivo sorprendió. Es que pocos podían imaginar que nuestro país estaba capacitado para llevar adelante un torneo de semejante magnitud y, menos, estar entre los animadores en el medallero.

Las once preseas doradas demuestran que el trabajo de base llevado adelante desde hace cuatro años dio sus frutos. Los chicos, que en el pasado –salvo en contadas ocasiones- no estaban a la altura de la competencia internacional, dieron el salto de calidad y le compitieron de igual a igual a las potencias. Tal es el caso de las chicas del beach handball, quienes derrotaron en dos oportunidades a Hungría, el campeón de la especialidad; o el BMX FreeStyle, un deporte que tenía su primera vez. Las confirmaciones de la nadadora Delfina Pignatiello, los chicos del básquetbol 3x3 y el lanzador de bala Nazareno Sasia también son para destacar, puesto que para menores de 18 años no resulta para nada sencillo asimilar la presión el público.

Otro deporte que causó sensación fue, como se esperaba, el hockey 5. Ante cada presentación de los Leoncitos o Leoncitas, una larga fila se formaba en las afueras del estadio para compañarlos. Sin embargo, a la hora de analizar los rendimientos, las chicas cumplieron al subirse a lo más alto del podio, mientras que los chicos cayeron sorpresivamente en semifinales frente a India (rival siempre candidato, aunque no haya concurrido con lo mejor a su disposición) y luego se colgaron el bronce.

Disciplinas nuevas, como el breaking o la escalada, llamaron sorpresivamente la atención de todos por lo dinámico y no se descarta que en un futuro no muy lejano, los Juegos Olímpicos de mayores los adopten para sumarlos al calendario.

A la hora de analizar lo estructural, no cabe duda de que los organizadores no imaginaban semejante respuesta de la gente. Los estadios, sin importar el día, hora o deporte, lucían repletos. Y cuando se presentaba un Seleccionado nacional, largas filas desde que abrían los parques se generaban. Por tal motivo, de manera imprevista, se generaron los “fan fest” dentro de los recintos, para que todos los presentes puedan seguir los eventos deportivos. Claramente ni el más optimista pensaba la gran respuesta del público, que en cuestión de días adquirió más de 600.000 pases olímpicos y todos los días llenó los parques para ver cualquier tipo de deporte.

La llama se apagó, pero el fuego queda vigente entre los atletas, quienes no olvidarán jamás su experiencia en Buenos Aires 2018. Ahora, a prepararse para dar el salto al “mundo mayor” y que las nuevas generaciones tomen este legado de cara a Dakar 2022, sede de los próximos Juegos Olímpicos de la Juventud.

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