Su dolor es el dolor de todos. Da bronca verlo llorar porque justo él, que ha sido un ejemplo de lucha y superación constante, merecía terminar con una sonrisa. Pero al mismo tiempo emociona mirarlo sentado, esperando la ceremonia de premiación, sin poder contener las lágrimas.

Juan Martín Del Potro es enorme al margen de un resultado que no fue tan categórico como parece. Seguramente se fue de su torneo favorito con fastidio porque quería ganarlo más que aquel que logró en 2009. Pero cuando se detenga a pensar en todo lo que remó para volver a ser el mejor de los terrenales (sí, el mejor porque Nadal, Federer y su verdugo de ayer vinieron de otra galaxia) sentirá una satisfacción enorme.

Vale ese llanto, pero más vale su perseverancia para demostrar que tenía y tiene mucho para darle a ese hermoso deporte que es el tenis. El reconocimiento del público y en especial de sus colegas, debiera resultar más valiosa que una consagración. Si el mismo Novak Djokovic, que recién acababa de ganarle la final del Abierto de los Estados Unidos por 6-3, 7-6 (4) y 6-3, sintió necesidad de acercarse y consolarlo con un abrazo conmovedor. Un abrazo que no sólo encerraba reconocimiento sino también admiración y respeto.

Delpo no jugó una mala final. Simplemente tuvo del otro lado de la red al mejor Nole, otro ejemplo de que la constancia y el esfuerzo le ganan a los contratiempos. Porque, vale aclarar que no pasó las de Juan Martín, quien se vio postergado por esas malditas intervenciones en la muñeca (tres en la izquierda y una en la derecha), aunque el codo le jugó una mala pasada y lo dejó fuera de los courts por más de medio año. Y volvió con todo en éste mágico 2018 con brillantes consagraciones en Wimbledon y el US Open.

Nole, ganador de 71 títulos, con 14 Grand Slams entre ellos 3 Abiertos de Estados Unidos, impuso condiciones en el juego. En el primer parcial, el más sencillo (duró 42 minutos) le bastó un quiebre para adjudicárselo. A palazo puro Delpo pudo mantenerse en partido, especialmente en el segundo parcial, que marcó un punto de inflexión. Es que allí el serbio ganó por mínimos detalles. Fue esa segunda manga donde el argentino mejor se sintió, logrando sacar de caja a su rival, martillando con la derecha y pasando a comandar después de encontrarse 1-3. Sin embargo en el tie break un par de errores no forzardos de La Torre empezaron a inclinar la balanza para el lado del europeo.

Ya en el tercero, las fuerzas de Delpo se debilitaron aunque nunca dejó de entregar hasta la última gota de sudor. Fue así que logró equiparar un 1-3 pero en el octavo game perdió su saque con facilidad abriéndole las puertas del triunfo a un Nole que fue mas y se quedó en forma inobjetable con el título.

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