Fue uno de los grandes pilotos e ídolos del automovilismo argentino, al punto de que todavía se lo añora y recuerda. Y hace 20 años, un 30 de septiembre de 2000, Rubén Luis Di Palma  pasaba a la inmortalidad de manera inesperada luego de estrellarse con su helicópero en un campo de Carlos Tejedor. Tenía sólo 55 años.

A dos décadas de su desaparición física, la figura del otrora crack se agiganta cada vez más, a punto tal que sostiene un récord que sólo algunos pocos privilegiados pueden ostentar: ganar con las cuatro marcas (Ford, Chevrolet, Torino y Dodge) una carrera de TC, la más popular de las divisiones del automovilismo local.

Ese sábado 30 de septiembre de 2000, el creador de la dinastía Di Palma (luego corrieron sus hijos José Luis, Marcos y Patricio, además de sus nietos Luis José y Stéfano) se mató a los 55 en un accidente aéreo, haciendo verdad esa premonitoria sentencia de que "me voy a morir mucho antes de volverme viejo". En la fatídica jornada de su muerte, el Loco amaneció trabajando en su taller para acondicionar un Torino que debía volver a las pistas.


Desde La Pampa, su hijo Marcos, quien debía clasificar para una carrera del Top Race, le pidió a través del teléfono: "Papá, dame una mano para carburar el motor". Sin demorar nada, Luis se subió casi como acto reflejo al helicóptero Bell 402 y partió en ayuda de uno de sus descendientes.

Pero el Viejo nunca regresó a su Arrecifes a seguir en el armado del Torino, porque a las 17.30 de ese sábado fatídico, su helicóptero cayó en el campo "10 de noviembre", a 30 kilómetros de Carlos Tejedor. La noticia estremeció al mundo automovilístico, sin distinción de generaciones. Todos sabían lo que significaba el mayor de los Di Palma para la actividad.

Así se vivió la muerte del ídolo: 



El mayor de los Di Palma nació un 27 de octubre de 1944. De niño ya hacía travesuras con la moto de su padre por las calles de Arrecifes y él mismo reflejaba que aprendió a "poner marcha atrás a 130 kilómetros por hora, con el Bergantín" de su progenitor. Se hizo amigo de otro excorredor, Carlos Marincovich, y trabajó en una parrilla llamada El Patrullero.

Pero Rubén Luis pretendía un empleo en un taller y lo consiguió, primero, barriendo el lugar donde se preparaba la máquina de Carlos Pairetti. Un día, un señor llamado Julio Castellani pretendió comprar un camión y, como parte de pago, dejó una cupé Ford de TC. Los mecánicos del taller le dijeron al Loco: "Te lo vamos a acondicionar para que corras en el Gran Premio Argentino de Carretera"

A Rubén le brillaron los ojos cuando abrieron el portón y vio entrar el automóvil. En la segunda etapa de la carrera, Di Palma volcó y abandonó. Aunque su acompañante, Roberto Aguirre, abuelo de Valentín, hoy figura del TC, le dijo a todo Arrecifes: "Estamos en presencia de un futuro campeón". Por supuesto, todos le creyeron.


El 30 de mayo de 1964, con sólo 19 años, Di Palma ganó la Vuelta de Arrecifes, con una cupé Chevrolet. Dos años después se impuso en el Autódromo Municipal de Buenos Aires con Dodge, mientras que el 5 de octubre de 1967 triunfó en Junín, con un Torino.

Pero el crack de Arrecifes se dio el gusto de ser el primero en cruzar la bandera a cuadros en Buenos Aires, en compañía de su hija Andrea, el 13 de septiembre de 1998, con Ford, cuando el documento marcaba que era un pibe de 53.

La hazaña de Di Palma de ser el ganador más joven del TC, la quebró el afincado en Arrecifes, Tomás Catalán Magni, quien a los 18 años, seis meses y 30 días, festejó en 2017 en pareja con el chaqueño Juan Manuel Silva en los 1.000 kilómetros del TC en el porteño autódromo Oscar y Juan Gálvez

Integró la llamada Misión Argentina que corrió en 1969, con Torino, en el tradicional trazado de Nurburgring. "Fue un trabajador obsesivo, incansable. Tuvo un talento y un coraje inigualable", sostuvo Oreste Berta, el reconocido preparador de motores.


Di Palma fue campeón de TC en 1970 y 1971 con Torino, en Sport Prototipo (1971 y 1972), con Berta Tornado; Fórmula 1 Argentina (1974 y 1978), con Berta Tornado y Pianetto Dodge. El Loco también se adjudicó un campeonato de TC 2000 (1983), con un Dodge 1500; y uno de Supercart (1993), con un Torino.

El gran homenaje de su hijos José Luis y Marcos en Rafaela a una semana después de la muerte del Loco:

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