Tuvo tintes de hazaña. Por el rival, por el entorno y porque nunca se había encontrado en esa posición. Pero de la mano de Carlos Bianchi y de un grupo de jugadores hambrientos de gloria, Vélez se consagraba, un 31 de agosto de 1994, por primera vez campeón de América al ganarle la final de la Copa Libertadores al todopoderoso San Pablo de Telé Santana.

Cuando Roberto Pompei apoyó la pelota sobre el punto penal del Morumbí esa noche de agosto, el silencio más aterrador se instaló en el estadio del San Pablo y anticipó lo que estaba por suceder: Vélez, modesto club de un barrio porteño, le arrebataba el tricampeonato de América al equipo más poderoso de la época para levantar su primer trofeo continental.

“Realmente me sorprendió aquel silencio. Eran 100.000 personas mudas, quietas, como en una foto. El estadio repleto esperaba saber si esa chapita que ya le habían puesto a la Copa con los años 92, 93 y 94 quedaba en la nada. Y así fue”, recordó Tito.

Vélez resistió en Brasl y en los penales logró concretar su gran proeza.


“Desde el mismo día del sorteo, la pregunta era: ¿en qué partido se queda afuera Vélez? Nos tocó el grupo de la muerte, con Cruzeiro, Palmeiras y Boca. Nosotros éramos punteros acá, pero los diarios insistían con que nos quedaríamos afuera ante el primer soplido. En el vestuario nos prometimos que eso no iba a pasar”, José Pepe Basualdo, uno de los referentes.

Las concentraciones marcaban el equilibrio entre la disciplina del entrenador Carlos Bianchi, la autoridad de los referentes y las picardías de los más jóvenes, casi la mitad del equipo surgido de las divisiones inferiores del club. Roberto Trotta, Víctor Hugo Sotomayor y Flavio Zandoná conformaban el grupo de los futbolistas más serios; Héctor Almandoz, Christian Bassedas, Marcelo Gómez, Raúl Cardozo, Pompei, Oscar Flores y Omar Asad, entre otros, integraban el de los novatos; José Luis Chilavert, con su fuerte personalidad, solía juntarse con los utileros y se movía solo dentro del grupo; y Basualdo, experimentado y referente, era el nexo entre todos.

“En las comidas sólo se podía tomar agua o soda. Pero como nos hicimos amigos del mozo, con Asad le pedimos que en la botella nos pusiera gaseosa. Hasta que un día Bianchi agarró el vaso del Turco y le dijo: 'Le tomo un poquito de agua, Omar'. Cuando probó, empezó a gritar, nos comimos un reto bárbaro y el mozo, también”, relató el Turu Flores.

La sabiduría de Carlos Bianchi, una de las grandes claves de este logro.


Con algunos resultados sorpresivos, como un empate con Cruzeiro en Brasil o un triunfo sobre la hora en la Bombonera, Vélez terminó primero en el grupo y avanzó a los octavos de final, donde el rival fue Defensor Sporting, campeón uruguayo, al que eliminó por penales luego de sendos empates (1-1 como visitante y 0-0 en Liniers).

El cruce con Minervén, en cuartos de final, fue quizás el único que evadió la pregunta ya clásica: ¿en qué partido se queda afuera Vélez? Un 0-0 en Venezuela y un 2-0 de local sellaron el pasaje a semifinales, donde Junior de Barranquilla, campeón colombiano con figuras como El Pibe Valderrama, asomaba como favorito.

“Esta vez sí parecía el final. El 'Turu' erró el quinto penal y Junior tenía la chance de eliminarnos. Miraba el banco y pensaba en la tristeza que sería caminar hasta el túnel con la derrota. ¡Qué lejos quedaba ese túnel! Pero Chilavert nos regaló otro milagro, atajó el siguiente, metí el sexto y avanzamos a la final”, rememora Basualdo sobre aquella definición en Liniers. ¿Los resultados? Derrota 2-1 en Colombia, éxito velezano en casa por 2-1 y 5-4 en los penales.

San Pablo, bicampeón de América y del mundo, era el último escollo y se presentaba como insuperable. Pero Vélez lo vulneró 1-0 como local y aguantó el 0-1 en el Morumbí hasta los penales. Chilavert, otra vez héroe, le atajó su remate a Palinha y Pompei quedó cara a cara con la gloria para estampar el 5-3 final y desatar el delirio.

Con su carácter y sus atajadas, Chilavert fue clave en la obtención de la Libertadores.

Aquella noche, el Fortín habia formado con Chilavert; Zandoná, Trotta, Sotomayor y Cardozo; Basualdo, Gómez, Bassedas y Pellegrino; Asad y Flores. Luego ingresaron Pompei y Claudio Husaín.


“Estábamos concentrados antes del primer partido y Carlos se acercó para decirme que me quedaba afuera de la lista. 'Pero no se caiga porque usted va a ser importante en esta Copa', me aclaró. No sé cómo, pero todo lo que nos decía Bianchi se cumplía, tenía esa convicción que nos hacía creer. ¡Y terminé pateando el último penal!”, concluyó Pompei.

Asad durmió abrazado a la copa en el aeropuerto, algunos de los 2.500 hinchas que acompañaron al equipo durmieron en hoteles alojamiento porque no tenían lugar en San Pablo, Bianchi habló de “no dormirse” porque “más importante que llegar, es mantenerse”. En Liniers, nadie durmió aquella noche inolvidable, hace ya 26 años.

Los jugadores de Vélez celebran luego de una tremenda batalla.

El momento de la gloria: 

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