Puede ser que en los partidos de Copa, más cuando está en juego el pasaje a una final, los nervios, los miedos y los roces sean los principales protagonistas, antes de poder florearse, con un juego vertiginoso, generando peligro constante frente a los arcos.

El partido entre Boca y Palmeiras se encaminaba a un empate sin goles, pero sobre el final apareció un jugador que cambió todo: Darío Benedetto entró y en la dos pelotas que tocó no perdonó. La aparición del Pipa fue letal para el xeneize, que ahora, con dos goles de ventaja, buscará el próximo miércoles en San Pablo, el pasaje a una nueva final.

A la hora de hacer un análisis del primer tiempo, hay que destacar claramente lo primero. Si bien fue dominador por el control de la pelota, al Xeneize le faltaron claramente ideas, tanto de un lado como del otro.

Y las carencias fueron notables en ambos equipos. La obligación de Boca por conseguir una ventaja en el partido de ida se contrarrestada, al reflejar un rendimiento pobrísimo, especialmente de mitad de cancha hacia adelante, donde faltó sorpresa y también movilidad.

Ni Pavón, ni Mauro Zárate estuvieron conectado. El pobre Wanchope Ábila se la pasó luchando contra los dos centrales de Palmeiras, Luan y Gustavo Gómez, cada pelotazo a dividir que le tiraban.

Todo era "pum para arriba". La pelota iba y venía, buscando el error, que nunca llegó. Tampoco Pablo Pérez y Nández aportaron claridad en el medio y solo Barrios se destacó a la hora de marcar y meter en el medio. Izquierdoz se mostró sólido en la última línea, acompañado por Magallán y eso hizo que Boca no pasara sobresaltos.

Entre las acciones en la que intentó sacar ventaja se pudo destacar un remate de Pablo Pérez, que se fue por arriba del travesaño y otro disparo de Olaza, que logró retener sin problemas el arquero brasileño. Palmeiras se fue sintiendo cómodo con el correr de los minutos, esperando con sus líneas ordenadas, mientras que Boca careció de claridad en los últimos metros para la puntada final.

El Pipa no te perdona

Más enchufado arrancó el xeneize en el inicio del complemento. Nuevamente con el control del balón, más la presión constante, el empuje y el fervor comenzó a acercarse con centros a Weverton, pero chocó con la firmeza y la solidez del paraguayo Gustavo Gómez.

La falta de fluidez y claridad volvieron a estar ausentes. Palmeiras, de contra, casi sorprende con un zurdazo de Dudú que se fue cerca. De a poco, Boca empezó a aflojar el ritmo y sintió la ausencia de un generador de juego -todavía no se entiende como dejó afuera del banco a Cardona-.

Pero Guillermo tenía guardado un as bajo su manga y mandó a la cancha a Benedetto, que terminó cambiando el desarrollo del partidos y con dos fantásticas apariciones del Pipa, en apenas quince minutos, puso a Boca con un pie en la final de la Libertadores.

 
Pavón disputa la pelota ante un defensor de Palmeiras. (Foto: Pablo Villán)
Nahitan Nández no pierde de vista la pelota que controla Felipe Melo. (Foto: Nahuel Ventura)
Pablo Pérez intenta escapar de la marca de dos rivales. (Foto: Nahuel Ventura)
El Pipa celebra su primer gol ante la mirada del Cali Izquierdoz. (Foto: Nahuel Ventura)
Benedetto también fue el artífice del segundo tanto de la noche. (Foto: Nahuel Ventura)

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