La polifuncionalidad suele ser cuestionada. "El que juega de todo, no juega de nada" aseveran sus detractores, para argumentar su pensamiento y, desde una mirada ácida, valorizar más el enfoque en un solo objetivo y no en varios a la vez. Con el diario del lunes, obviamente, da la sensación de que River equivocó el camino.

La goleada que sufrió en Brasil (3-0) ante Mineiro por la revancha de los cuartos de final de la Copa Libertadores y la consecuente eliminación del torneo continental, invitan a pensar que el propósito de pelear en dos frentes simultáneos, para el plantel que hoy tiene, le terminó quedando grande.

Sus intenciones de revertir el 0-1 del primer chico fueron saludables pero no encontraron eco en el aspecto físico ni en la contundencia que necesitaba para aprovechar sus momentos. Con jerarquía, capitalizando el desconcierto posicional de su adversario y en ciertos tramos jugando a otra velocidad, los brasileños hicieron fácil lo difícil: a los 17 minutos del complemento ya estaban 4 a 0 en el global y con Franco Armani como una de las figuras. 

Hasta el primer cuarto de hora, el desarrollo marchaba equilibrado, parejo, en lo que respecta a tenencia y aproximaciones, pero a los 22 los brasileños hicieron pesar su jerarquía individual de mitad de cancha hacia adelante y se pusieron en ventaja. Pese a la marca de Maidana, Hulk se hizo lugar para sacar un centro de zurdo y Zaracho, con una acrobática definición, estiró a dos goles la diferencia global a favor de Mineiro.

Un rato más tarde, con el partido sosteniendo el mismo nivel de paridad pero con River algo averiado anímicamente, a Marcelo Gallardo le pasó factura su propio temperamento. Tal vez molesto por la facilidad con la que lo superaron en la apertura, sacó a Maidana y mandó a la cancha a José Paradela, un cambio que se entendió poco y que le costó carísimo al equipo de Núñez, a los 30 segundos de la modificación estaba yéndola a buscar adentro. Hulk aprovechó el desorden posicional tras el ingreso del ex Gimnasia y llegó mano a mano con Armani, definiendo suave, de zurda, para el 3 a 0 en la sumatoria.

El descalabro que generó la decisión del Muñeco, evidentemente no ensayada de antemano y sin indicaciones geográficas claras, dejó agonizando a River. En el inicio del complemento, más retoques en River. Alex Vigo por Angileri (fue titular con Vélez y se retiró lesionado...) y De La Cruz por Zuculini. Casco pasó por izquierda y Enzo Fernández en la función que generalmente cumple Enzo Pérez. 4-1-3-2, con Suárez y Romero como hombres más adelantados.

La reformulación del esquema no sirvió demasiado: Mineiro contó con dos chances de liquidar a River, pero Armani evitó la caída de su valla primero y luego Zaracho, increíblemente, la tiró por arriba. Un presagio, ya que a los 16 el propio Zaracho se tomó revancha y de cabeza marcó el 4 a 0 global. A barajar y dar de nuevo, River. Esta vez, ni el material ni la idea bastaron para tirar el córner e ir a cabecear.

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