Con respecto a la final de la Copa Conquistadores, perdón Copa Libertadores de América, seguimos sin comprender cómo el partido fue trasladado al Estadio Santiago Bernabéu, correspondiente a Real Madrid.

Como argentinos nos resulta fastidioso que cuando se entone el Himno Nacional no se cante con la letra correspondiente, que escribió en su momento Vicente López y Planes. Y no el laralá, laralá, laralá… resulta una falta de respeto al país. En cambio el equipo de rugby Los Pumas lo cantan con un sentimiento digno de ser imitado. En el caso de España es diferente porque desde hace más de 250 años el Himno español no tiene letra, el motivo radica en que por distintas dificultades nunca se han puesto de acuerdo.

Otra crítica, es la cantidad de severas equivocaciones que cometió el árbitro uruguayo Andrés Cunha, sobre faltas que no sancionó. Las más gruesas fueron el penal del arquero Andrada a Lucas Pratto y después, la expulsión injusta de Wilmar Barrios, que tuvieron decisión definitiva en el resultado.

En cuanto al superclásico, colegas confesaron a Depo que asistieron a la cancha, que hacía mucho tiempo que en una final con públicos de ambos equipos no existían tantos cánticos y semejante manera de alentar durante todo el encuentro. Fue un espectáculo emotivo, interesante que movilizó un enorme interés entre la mayoría de aficionados argentinos que residen en distintos países. Lo cierto es que dominó un tiempo cada equipo. Pero en el primero, los xeneizes pudieron haber concretado otro gol. Muy festejados fueron los tantos.

En realidad resultaron de otro partido. El golazo de Darío Benedetto fue de una concepción brillante, la manera que eludió a Maidana y la exactitud de su remate maravillaron. Lástima la provocación desafortunada que realizó en el festejo al defensor Gonzalo Montiel. Luego la jugada previa del tanto de Pratto significó una armonía futbolística perfecta; la notable definición del colombiano Quintero y la corrida en los últimos minutos del segundo alargue de cara a la hinchada de boca representó un episodio insuperable del Pity Martínez demostrando alma y corazón, porque ya no tenia piernas.

Una diferencia sustancial fueron los cambios realizados por los técnicos xeneizes y riverplatenses. Barros Schelotto hizo ingresar a Ramón Wanchope Ábila por Benedetto, que estuvo desconectado y no rindió. A Sebastián Villa, de mucha movilidad, lo reemplazó por Leonardo Jara que no demostró mucha relevancia; lo mismo ocurrió con las sustituciones de Julio Buffarini por Carlos Tevez que fue intrascendente y la de Pablo Pérez, de buen partido, aparentemente con algún problema físico por Fernando Gago, que se retiró con rotura del tendón de Aquiles.

Por la otra parte, el equipo de Gallardo efectuó cambios que tuvieron contundencia y mejoraron el juego, entró Juan Quintero por Ponzio y modificó el trámite del desafío. Así Mayada por Montiel que le brindó al plantel mayor movilidad; Zuculini por Nacho Fernández que estaba extenuado, y Julián Álvarez de 18 años por Exequiel Palacios, totalmente acalambrado.

Pero sin duda, la expulsión de Barrios dejó al equipo absolutamente averiado, fue a los 2 minutos del primer alargue y dio muchas ventajas.

El fútbol resulta un juego tan atractivo por su grado de sorpresa, ganó River merecidamente, pero si se definía por penales nadie hubiese dicho nada, sobre todo, por esa pelota que reventó el palo del arco millonario en los últimos minutos. Lo bueno de este juego que mañana hay revancha y puede suceder lo menos pensado.

Alfredo Luis Di Salvo

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