Estaba previsto jugarse el partido más importante de la historia del fútbol argentino que había generado inmensa expectativa a nivel mundial. Se abrieron las puertas del Monumental a las 13 horas y luego de los interminables cacheos realizados por la policía, seis en total, la gente comenzó a ingresar.

A las 16 horas aproximadamente llegaba el micro que traía a los jugadores y dirigentes rivales. Sorpresivamente le cambiaron la trayectoria, doblando en la rotonda de la Av. Quinteros, haciéndolo circular por el medio de la hinchada riverplatense, ahí entre 15 y 20 inadaptados le arrojaron piedras, latas llenas de cerveza y gases lacrimógenos.

Mientras tanto la hinchada plagada de chicos y mujeres embarazadas esperaban dentro estadio. Se suspendió el comienzo de las 17 horas y nadie avisó nada. Los baños estaban colapsados y se transformaron en lugares inutilizados, sin agua y las bebidas que se vendían lo hacían a precios para el turismo, exagerados para el poder adquisitivo argentino.

Lleno de personas que llegaron del interior, la noche previa durmieron en los autos que lo trasladaron hasta la cancha. Se jugaría a las 18 horas, todos siguieron esperando con el fastidio y la dificultad normal ante semejante desorganización. Luego lo pasaron a las 19,15 el horario de iniciación.

Mientras tanto la policía contratada para custodiar el orden, se supone que especialistas en seguridad y en inteligencia previa, no protegieron al móvil que obligadamente, aplicando el sentido común, debían ocuparse.

Era lo primero que tenían que cuidar el micro visitante. Hubieron puesto vallas quince cuadras antes con tres patrulleros delante, observando el panorama, con varios Camiones de Asalto de Gendarmería de cada lado del micro y no solamente dos motos. Un rotundo fracaso en la seguridad policial. ¿No hay funcionarios responsables ante la semejante vergüenza nacional sufrida?

Mientras tanto la gente seguía aguardando las novedades que a las 19 horas le informan que el partido había sido suspendido hasta el otro día a las 17 horas. Hoy domingo, ingresó nuevamente el público y el partido se suspendió hasta el 8 de diciembre.

Muchos cancelaron sus vuelos, se quedaron sin dinero para regresar a sus hogares del interior. ¿Alguien reparó en el daño ocasionado a esa gente? Muchos hasta vendieron el auto para llegar a presenciar la final histórica. Me preocupa la imagen escandalosa que le ofrecimos al mundo, pero mucho más a 64.000 almas que fueron maltratadas de forma bochornosa durante muchas horas, tanto ayer como hoy.

Lo sucedido es muy preocupante, porque no estamos preparados para organizar un partido de fútbol. Es decepcionante que sucedan estos episodios, que manifiestan una severa enfermedad social. Una vez más la violencia le volvió a ganar al fútbol. No me preocupa que se cumpla el reglamento, que se anule la final y quede desierta.

Ese es otro tema que no nos afectan como seres humanos. Nos intranquiliza muy profundamente que nadie pensó en la gente que fue a ver un espectáculo deportivo y se quedaron sin nada. Consideramos que éste no es el país en el que anhelamos vivir, merecemos cómo mínimo más respeto.

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