Cuando los amantes del fútbol se ponen a buscar grandes partidos que hayan vivido, suelen recurrir a aquellos que tuvieron un alto voltaje emotivo pero en especial, muchos goles. Si ésto se aplicara a lo que entregaron Independiente y River en el partido de ida de los cuartos de final de la Libertadores, sólo una parte se vería correspondida.

¿Pero existe una regla que diga que un 0 a 0 no puede resultar un encuentro inolvidable? En absoluto. Para quienes creen que uno que arrojó una igualdad sin goles no puede entrar en la galería de los grandes encuentros, se habrá pegado un terrible golpe después de apreciar los primeros 90 minutos de la serie entre estas dos grandes escuelas futbolísticas de la Argentina. Es que, sin temor a equivocarnos, a lo visto en un campo de juego acorde para jugar a ras del piso, se lo puede definir con una sola palabra: partidazo.

No hubo gritos ni abrazos por dos protagonistas que fueron más gigantes de lo que eran: Martín Campaña y Franco Armani. Dos arquerazos. Por algo son de selección. Y si los dos fueran argentinos, ¡que hermosa disputa tendrían por la titularidad! Fueron colosales, los grandes responsables del marcador en blanco. Ah: la serie quedó más abierta que nunca. El Millonario sacó el mismo resultado que en cancha de Racing mientras el Rojo se fue con la misma idea que había terminado la Academia: que un gol en el Monumental lo deja a las puertas de las semifinales.

La paridad fue absoluta. Incluso en el reparto de etapas. La primera fue de River, que usufructuó correctamente las espaldas de la linea media de su adversario. Palacios y Ponzio ganaron en la zona de gestación y el Pity Martínez hizo estragos por la izquierda. Ante los problemas que exhibió del medio hacia atrás, Campaña debió sacar las papas del fuego ante Borré y el citado Martínez.

Independiente empardó la superioridad en dinámica y salida, con situaciones clarísimas, entre ellas un remate de Meza que rebotó en el travesaño.

En el complemento fue el local el que, acomodándose a un sistema diferente, tomó las riendas del encuentro y llegó más. El palo se lo negó a Gastón Silva y Armani tuvo una intervención consagratoria cuando 50.000 almas se aprestaban a gritar gol de Gigliotti.

Si bien el Rojo estuvo cerca del desnivel, también pudo ser de River pero Campaña lo evitó en dos oportunidades y en el descuento, Borré se lo perdió de cabeza, increíblemente sólo.

Fue un partidazo. De ida y vuelta, acorde a los históricos Independiente-River. No hubo un vencedor. En realidad, sí: el fútbol, que agradece a los protagonista por esta primera parte de un duelo apasionante.

El resumen del partido:

Armani se estira para sacarle el gol a Gigliotti. (Prensa River)
Domingo y Borré luchan por la pelota. (FotoBaires)
Independiente y River disputaron un partido de ida y vuelta. (FotoBaires)
Casco fue una de las figuras del partido. (FotoBaires)

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