El mundo está expectante. En todos lados se habla del Boca-River que definirá nada menos que la Libertadores. Las grandes estrellas del planeta palpitan el juego y hasta sueñan con estar en la Bombonera este sábado y en el Monumental, el 24. Pero los privilegiados son pocos. Y entre ellos estarán Guillermo Barros Schelotto y Marcelo Gallardo, quienes se medirán por segunda vez como técnicos en la máxima cita continental. Aunque en ésta ocasión, uno tendrá la gloria máxima y el otro se vestirá de villano.

El Mellizo y el Muñeco aspiran a un cruce que sea ponderado en todas las latitudes, donde al final todos hablen del juego y no de sucesos extradeportivos. Cosa que ocurrió en el anterior duelo de octavos de 2015, que culminó en un escándalo y con resolución en un escritorio de la Conmebol. El Xeneize había ganado el grupo que compartió con Montevideo Wanderers, Palestino y Zamora con puntaje ideal y para muchos llegaba como punto pues River había clasificado con angustia, como segundo de su zona con apenas 7 unidades y gracias a un 5-4 del líder, Tigres de Monterrey, sobre Juan Aurich. En una palabra, pasó como Boca en esta edición: por una manito de terceros.

En la ida, el Millonario se impuso 1-0 con gol de penal de Carlos Sánchez. De la revancha, el 14 de mayo, sólo se jugaron 45 minutos. Al salir por el túnel para la reanudación, el plantel visitante fue agredido por el Panadero, quien arrojó gas pimienta poniendo en riesgo la salud de los protagonistas. La gente de Boca casi que incitó a sus rivales a jugar pero éstos no podían hacerlo Después de una hora de deliberaciones, se suspendió el juego. La presión Xeneize por jugar el período que restaba, resultó inútil.

La dirigencia de River se les anticipó viajando a Paraguay para hacer una presentación prolija y contundente. Conclusión: a las 48 horas, la Conmebol le dio por ganado el partido al equipo de Núñez por 3-0 y sancionó a Boca por ocho fechas sin la presencia de su público en torneos internacionales. Así River se encaminó hacia la Libertadores que levantó justo ante el conjunto que le dio vida (Tigres), a la vez que Boca conseguiría después el consuelo de la reducción del 75% de la pena por culpa de una insólita aministía por el centenario de la entidad con sede en Luque.