Se disputaba la final única de la Copa Libertadores, la más importante del año. Entre River y el Flamengo de Brasil, en el estadio de Lima, Perú.

Comenzó el desafío y el equipo de Núñez dominaba y controlaba al equipo de Río de Janeiro, confundido porque pocas veces lo habían atacado de esa manera.

El plantel argentino aplicó una estrategia perfecta, y a los 15 minutos abrió el marcador mediante una rápida jugada definida por Rafael Santos Borré.

Durante todo el primer tiempo River continuó marcando el ritmo del partido. Representando un orgullo nacional. Así se fueron al descanso.

En la segunda etapa se inició de la misma forma, inclusive el equipo Millonario perdiendo tres goles. Parecía que no habría sobresaltos. A pesar que el Fla comenzó a tener mayor posesión del balón pero sin traer serios peligros.

Acá comienzan las equivocaciones de Gallardo al hacer los cambios. Se fue Nacho Fernández, que estaba oficiando de armador en el área contraria sin haber tenido una actuación brillante, ingresó Julián Álvarez, un chico con grandes condiciones pero sin el rodaje suficiente para semejante compromiso.

Entró Lucas Pratto por Borré, que todavía no demuestra tener la recuperación indispensable con el trato de la pelota, una pérdida de él fue la causante de la derrota; una alternativa hubiese sido Ignacio Scocco y Paulo Díaz por Milton Casco.

Me viene a la memoria las innumerables charlas que mantuve con Adolfo Pedernera, en un bar cerca del Monumental, que me fue presentado por Pippo Rossi, me decía el Maestro: “El fútbol es defensa y ataque. Cuando falta poco para el final y vas ganando, tenés que intensificar la defensa, porque el negocio es no perder el partido. No hay otra”.

Cenando con Angel Labruna se refería cómo ganó el campeonato del ’75, después de 17 años sin títulos, expresaba: ”Lo primero que pensé es armar una defensa competitiva y sólida, por eso lo traje a Roberto Perfumo, porque si bien los partidos se ganan con goles, hay que evitar que te conviertan en tu arco. Muchos encuentros tuvimos que defender el 1 a 0 faltando poco para el final. Mis muchachos ya sabían que había que poblar el medio campo y la defensa hasta el Negro López, el Beto Alonso, y Pinino Mas bajaban a defender”.

No pretendemos quitarles los enormes méritos que tiene Gallardo, pero analizamos por qué no se alcanzó la gloria faltando menos de cinco minutos para el final. El sentido común, no digo la categoría y experiencia que le sobra al Muñeco, indica que tenés que defender.

Poner 4 defensores y 5 jugadores en el medio campo y un delantero. La idea era complicarle el traslado y el ataque al rival. Tal vez el equipo de Gustavo Alfaro, técnico de Boca, no sabemos si hubiera convertido; de lo que sí estamos convencido que no hubiese sido derrotado.

No es admisible, frente al duelo más importante del año, que caigas vencido en dos minutos. Por eso decimos que errar es humano y perdonar es divino.

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