Por Roberto Di Sandro, decano en la Casa Rosada

Corría el año 1975. Gobernaba el país la primera mujer Presidente de la Nación: María Estela Martinez de Perón, más conocida como Isabelita, esposa del líder justicialista Juan Domingo Perón, que había muerto un año antes. En ese entonces la situación compleja que vivía el país alcanzaba límites de gran preocupación, a raíz de una economía casi devastada y la presencia de sectores extremistas de izquierda y de derecha que hacían difícil la tranquilidad pública.

No obstante el fútbol era, como lo fue y lo seguirá siendo, un desahogo para los sectores populares,  con lo cuál el desarrollo del certamen denominado "Metropolitano" se cumplía dentro del contexto dispuesto por la AFA.

Pero de pronto surgió un hecho que reclamó la intervención directa del Poder Ejecutivo Nacional: el miércoles 17 de Abril de 1975 se jugaban el Superclásico. Boca y River se iban a enfrentar en la cancha del Xeneize y el duelo acaparaba la atención de todo el país futbolero.

A priori, era imposible contar con la televisión directa del partido. Solo se transmitía los días viernes un encuentro en directo y los demás todos en diferido. Pero el reclamo de la gente para que se pueda ver "en vivo y en directo" llegó hasta la Casa Rosada.

Una de las principales figuras del elenco gubernamental de ese entonces era el secretario de Prensa, José Stupenengo, reconocido periodista que había sido nombrado por Isabel Perón ante la solicitud formulada por su secretario General, Julio Gonzalez.

Lo habían precedido Emilio Abras, Castiñeira de Dios, Oscar Garia Rey y Cesar Gonzalez Blanco, quienes cumplieron esa misión durante el tercer gobierno del extinto Presidente.

En esas circunstancias, Stupenengo, que tenía gran relación con el periodismo, "nos solicitó" al que escribe y a Osvaldo Piñero una "ayudita" para llegar hasta Alberto J. Armando, uno de los más encumbrados presidentes que tuvo Boca. Del lado de River, ejercía ese cargo Rafael Aragón Cabrera, a quien contactaron otros sectores oficiales.

Lo que hicimos fue hablar con un hombre de grandes conocimientos dentro de ese ámbito deportivo como el querido "Cholo" Ángel Pecco, titular de la Asociación de Diarios y Revistas, quién nos hizo hablar con el mandamás xeneize con la rapidez que se necesitaba. Y apenas algunas horas más tarde -todo esto ocurrió días antes del gran partido– los directivos de las dos gigantes instituciones del fútbol argentino acudieron a la Casa Rosada.

El citado Stupenengo los recibió y los llevó hasta el despacho de Isabelita. Allí se dialogó largamente, ya que el Canal 7 solo transmitía los días viernes en forma directa y en esa ocasión, por ser un día diferente, había que hacer "diversas gestiones para lograr detalles comerciales y técnicos", según se comentó más tarde.

Sin embargo, la Jefa de Estado insistió en la necesidad de que el Pueblo disfrutara de un encuentro de esa naturaleza. Y por eso fue que se logró la televisión en forma directa.

Momentos más tarde, Armando y Aragón Cabrera, en una salita contigua destinada a Ceremonial de Presidencia, se contactaron con la prensa acreditada en la Casa Rosada y Stupenengo hizo el anuncio oficial, para que luego los dirigentes dieran mayores datos sobre cómo se iba a transmitir el partido a través de las pantallas del canal estatal.

Esta historia nos viene a la memoria teniendo en cuenta una cierta similitud a lo que se va a jugar el próximo sábado en un evento histórico entre ambos colosos del fútbol, más allá de la mayor trascendencia de este Superclásico que se viene, por tratarse de la final de la Copa Libertadores.

Hay que recalcar que el Presidente Mauricio Macri quiso primero que los visitantes estuvieran presentes en el juego, pero ante la negativa de los dos clubes, dio marcha atrás, hecho que ya es común en éste Gobierno. Pero quedó flotando en el ambiente una versión convertida en pregunta que recorrió todos los rincones de la Casa Rosada y más allá, aún hasta la víspera: "¿Y por qué no gestionan que el partido se transmita por la Televisión Pública?". Consultamos y la respuesta fue rotunda: "No". Quizás muchos no recuerden éste hecho de 1975, pero los que fuimos testigos sí lo recordamos. Fue real. Y, quien le dice, todavía hay tiempo para que ahora pase algo similar…

 

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