Por curioso que parezca, y francamente difícil de aceptar por sus detractores, que abundan, Ángel Di María es este domingo uno de los jugadores argentinos más destacados de las grandes ligas de Europa.

Y destaca, más bien raya a gran altura, en un plantel, el de París Saint-Germain, cuya superpoblación de estrellas supone facilidades y a la vez pone la vara muy alta.

Por ejemplo: el fantástico delantero uruguayo Edinson Cavani venía de disfrutar de una temporada en la que todo lo que tocaba se convertía en gol, pero sin embargo hoy poco menos que se pierde en el tumulto.

Tampoco por estos días gozan de un rendimiento más alto que el de Di María el español Pablo Sarabia, el alemán Julian Drexler, el camerunés Eric Maxim Choupo-Moting, los tres de carreras en alza, así como en más de un partido también ha quedado opacado el extraordinario Kylian Mbappé.

A veces como interior izquierdo, otras veces a su vieja usanza de extremo, el rosarino al que décadas bautizaron "Fideo", el que llegó a ser el socio ideal de Lionel Messi en la Selección, expresa en el campo una sintonía propia de sus mejores tiempos e incluso más.

¿Pero, cómo?, observarán quienes se han sentido fatigado de sus persistentes lesiones y de sus flojos desempeños con la casaca albiceleste, ¿resulta que ahora está hecho un violín, que juega siempre, que no pueden pararlo?

Sí, en efecto, algo así pasa, con el atenuante de que hasta más de cuatro seguidores del PSG se asombran, o si no se asombran por lo menos asisten a un fenómeno inesperado, de un Di María que en el club de la capital francesa había regalado su mejor versión entre 2016 y 2017.

Ayer, por caso, convirtió un gol de exquisita factura, al Brest: un golazo similar al que en 2008 en Pekín había representado el oro olímpico para Argentina.

¿El Brest no es la medida más exigente? Cierto, no lo es, pero si de medida hablamos tomemos nota que en la Liga de Francia hoy suma cinco goles, los mismos que Darío Benedetto, Mauro Icardi, Mbappé.

Y ya que de poner todo sobre la mesa se trata, es justo reponer que Di María lleva diez goles oficiales en lo que va de la temporada y que su mejor actuación, la que rompió el molde y monopolizó los titulares de diarios y portales, fue con el Real Madrid por la Liga de Campeones.

Ángel Di María, el delgado correcaminos que porta una foja robusta: nació en febrero de 1988, antes de los 18 años ya había debutado en la Primera de Rosario Central, jugó más de 100 partidos en la Selección Argentina, fue figura en el Benfica, héroe del Real Madrid en una final de la Champions y compra récord en Manchester United.

El mismo Di María que hoy es presente puro, vigoroso y centelleante en la Ciudad Luz.

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