Aquel gol de Matías Fritzler, que decretó la victoria con gusto a hazaña en el Morumbí, le permitía a Colón encarar la revancha con el optimismo y el entusiasmo de sentirse a un pasito de conseguir una clasificación histórica ante un grande del continente.

Sin embargo, tuvo que sufrir y mucho, porque San Pablo forzó los penales y recién allí el Sabalero pudo lograr el pasaporte a los octavos de final. Y ahora que venga Junior de Barranquilla...

Al igual que en el primer chico, Eduardo Domínguez plantó un 5-4-1-1 conservador y combativo, decidido a aguantar en su campo y a esperar pacientemente alguna opción ofensiva a través de un contraataque o de una pelota parada.

Tras un cuarto de hora intrascendente, San Pablo comenzó a hacerse dueño del balón y del territorio, obligado por la desventaja en el global. A los 19 estuvo a centímetros de emparejar la serie, con un tiro libre de Nené que sacudió el travesaño.

Luego, sus intentos chocaron con la resistencia sabalera. El local respondió con un bombazo desviado de Heredia y una escalada de Toledo mal resuelta. Poco, muy poco pasó en la etapa inicial...

Heredia, otra vez, tuvo en sus pies la apertura del marcador en el arranque del complemento, pero Jean lo atoró en el mano a mano. Enseguida el arquero brasileño se lució nuevamente ante un disparo cruzado de Escobar. Era el momento de Colón, pero... Everton avisó con una definición de emboquillada que Godoy salvó de milagro sobre la línea. Y Liziero, a los 26, silenció el estadio con un violento zurdazo desde fuera del área, tras un despeje defensivo.

 

 

¡Penales! Colón no falló, Burián atajó uno y la fiesta se desató en Santa Fe.