El mundo del fútbol lo estaba esperando. La Copa Libertadores tendrá una fina de lujo. De esas que serán inolvidables. Histórica. Que perdurarán en el tiempo. Con dos protagonistas estelares. Boca-River. River-Boca. Que más pedir.

Un superclásico para definir al mejor de todos en el continente. A partir de ahora, se vivirán días de puro nerviosismo, ansiedad, locura, emoción. Y demás síntomas que cualquier hincha se pueda imaginar, en un partido de estas características.

River dio el golpe en Brasil, dándole vuelta la serie a Gremio. Y esta noche, el que cumplió con lo suyo fue Boca, que empató ante Palmeiras 2 a 2, para meterse derechito en la gran finalísima, en lo que será un duelo histórico frente a su archirrival de toda la vida.

Lo resolvió rápida

La obligación de Palmeiras de dar vuelta la serie no complicó para nada los planes de Boca, que siempre se mostró ordenado en todas sus líneas y solo pasó un sobresalto de entrada, cuando a Enrique le anularon un gol porque el VAR visualizó en la acción previa una posición adelantada de Deyverson.

El buen trabajo colectivo, acompañado de la solidez defensiva, derivó en la recuperación y las salidas rápidas para sus hombres más veloces, como Villa y Pavón.

Primero avisó el delantero cordobés desviando un remate del cordobés. Y justamente de una acción, confirmando el sello de identidad, logró ponerse en ventaja. Villa recuperó en la mitad de cancha, jugó para Jara y fue a buscar. Metió el desborde y Wanchope Ábila, anticipando en el primer palo puso el 1 a 0, obligando a Palmeiras a meter 4 goles.

Una fórmula letal. El conjunto paulista sintió fuerte el golpe y si bien trató de generar por los costados, le costó recuperarse, resultando muy livianito en ataque.

Otra el Pipa

Palmeiras entró al complemento con otra decisión. Y Boca, relajado, empezó a sufrir en el área propia. Por el lado de Olaza, Dudú creció y empezó a generar peligro con centros peligroso ante una defensa que no hacía pie.

Rossi se lo tapó primero a Lucas Lima, pero después no pudo evitar el empate de Luan. Poco después Izquierdoz le cometió penal a Dudú y Gustavo Gómez lo cambió por gol.

El 2-1 incentivó aún a Palmeiras. Boca pasaba el peor momento del partido, pero apareció, una vez más, el ingresado Benedetto para anotar, con un soberbio derechazo, el gol del empate que le dio tranquilidad y el pasaporte a la finalísima de la Copa ante River. Se viene una final apasionante.

 
 
Wanchope anotó el preciado gol de visitante. (AFP)
Darío Benedetto entró para ponerle paños fríos al partido con un golazo. (AFP)
Boca se abraza tras el gol de Benedetto, quien decretó el 2-2 y el pase a la final. (AFP)

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