Hay maneras y maneras de despedirse de una competencia. Retroceder menos de un día para ver como se fue River, es lo que añoraría cualquier equipo. Y después está la forma en que lo hizo Boca: dando pena, haciendo un papelón. El equipo de Miguel Russo tenía a favor cualquier empate con goles y encima llegaba con el impulso motivacional de la eliminación de su rival de siempre. El sueño de estar en la final del 30 en el Maracaná y de levantar la séptima Libertadores para igualar a Independiente, quedó trunco.

Hubo dos responsables: el propio Boca, que deambuló por Vila Belmiro sin entregar nada para rescatar y por supuesto el Santos, que lo venció sólo 3 a 0 porque el local despilfarró mucho y Andrada, a pesar de comerse el segundo tanto, evitó la caída de su valla en sólo tres oportunidades. Así primero quedó sin efecto la final argentina. Y ahora, el deseo de tener al menos a uno en la definición. Sí: la alegría es sólo brasileña. En Río, el campeón será un paulista: Santos o Palmeiras.

El primer cuarto de hora fue un suplicio para Boca. Además de un remate de Marinho que dio en el poste a los 30 segundos, Santos lo sorprendió anticipándolo en todos los sectores, ganándole las segundas pelotas y siendo el equipo que quería romper la paridad. Por eso no sorprendió que, como consecuencia de ese dominio llegara la apertura local con una media vuelta de Diego Pituca después de que Lisandro López amortiguara con el brazo un remate de Soteldo.

De a poco, el local pareció entender que estaba superando a un equipo temible en Brasil permitiéndole que gane en confianza. Lejísimo de entregar un juego que emocione, el conjunto de Russo empezó a merodear el area paulista, con sus hombres desequilibrantes a la espera de algún error visitante para marcar ese gol que lo acercara a la clasificación. Pero Boca no estuvo fino en tres cuartos ya que Tevez no lastimaba y Salvio no supo hacer la lectura del encuentro a la vez que el Santos, más allá de su arriesgado estilo en la retaguardia, no se durmió. Para colmo en los últimos minutos de la etapa volvió a crecer el elenco de Cuca que, en dos oportunidades estuvo cerca de ampliar el marcador.

El complemento duró apenas 5 minutos. El tiempo que le demandó a Santos para liquidar la historia. Soteldo hizo un golazo con la complicidad del arquero y luego Lucas Braga metió el tercero como corolario de una gran acción de Marinho.

Si Boca tenía algo de esperanzas, la irresponsabilidad de Fabra acabó con ellas. Más allá de algunas situaciones, producto de descuidos defensivos rivales y no de méritos Xeneizes, lo pusieron cerca del descuento. Pero también en cada contra, quedó expuesto a una caída catastrófica. Que Boca no se queje del 0-3. Si vuelve a ver el partido, se dará cuenta que la sacó barata.

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