Por Damián Basile

Una carrera como jugador que le permitió conocer once países, dos ascensos en rol de director técnico, un subcampeonato, tres hijos, dos nietos, una separación, el prematuro fallecimiento de su padre, la llegada de un nuevo amor y… un infarto. Cuesta aceptar que Walter Otta tenga apenas 47 años, por todo lo que ha vivido desde que armó el bolso y abandonó Rio Tercero en su afán de ser futbolista profesional, todavía en edad de escuela primaria. Al entrenador de Atlético Rafaela, recordado gratamente en Morón y en Campana por todo lo conseguido con el Gallo del Oeste y con Villa Dálmine en términos deportivos, lo antecede una historia que transcurrió de la mano de las emociones fuertes, esas que lo llevaron al altar de la gloria pero que también lo sentaron a la mesa de la muerte. El cordobés toma cinco pastillas por día, de las cuales algunas, lo sabe, serán para siempre. Su vida cambió desde el 3 de marzo pasado, cuando una decisión intempestiva lo empujó a meterse en una clínica mientras regresaba a su hogar tras dirigir por Copa Argentina. “Si seguía, me hubiera muerto en el departamento. Entré y me pusieron dos stents, porque tenía las arterias tapadas. Vi mi propio infarto en un monitor. El miedo a partir es muy feo”, confesó.  El vestuario de Morón, las palabras “raras” de la nueva camada de entrenadores y la desconocida posición que ocupaba Enzo Copetti en la crema. Otta, en primera persona con Historias de Ascenso.

El precio del  éxito

“La final nos dejó la sensación de que fuimos el mejor equipo de la zona que no pudimos terminar primero para jugar la final con Estudiantes de Rio cuarto. Con Platense generamos muchas situaciones de gol que no pudimos convertir y nos quedó la amargura de no subir a Primera cuando teníamos equipo para lograrlo. Queríamos sostener la base para poder con dos o tres retoques ir otra vez por el ascenso, pero fue tan bueno lo que hicimos que hubo jugadores que recibieron ofertas y tuvieron que irse, como Martino, Blondel, Copetti, Tagliamonte y, Romero. Del once titular se nos fueron más de la mitad y Valdivia se rompíó los cruzados con Platense. Nos hubiese encantado retener la base pero cuando haces una campaña como la nuestra lo terminás pagando con la salida de muchos jugadores. El equipo se potenció en lo económico pero en lo deportivo nos debilitamos mucho”.

Copetti, de 4

“Reemplazar jugadores como Blodel y Martino, o el mismo Copetti, es muy difícil. Queda la sensación de que algo bueno hicimos para que esos chicos estén donde están, pero sustituirlos es complicado por lo económico. Cuando llegamos al club, Copetti  jugaba de lateral derecho o de volante por derecha. Y a nosotros no nos terminaba de convencer en esas posiciones porque creíamos que teníamos mejores opciones para esas funciones.  Cuando pasó lo que pasó, que empieza el torneo que peleamos el campeonato, buscamos un reemplazante para Bieler y en un amistoso lo probamos como delantero, por su fuerza, y la verdad es que nos sorprendió. Encontramos ahí una solución y empezamos a trabajar con él como atacante, porque tira buenas diagonales, es potente y cuando se pone de espalda al arco es bravísimo. El hecho de que a veces te mande mensajes o que venga al club ya habla de lo agradecido que es. Muy humilde, Enzo es de esos chicos que a uno le da mucha satisfacción cuando triunfan. Lo mismo que Brian Romero. ¿Qué pensé cuando Crespo lo puso de punta? Un acierto notable. Con la dinámica que tiene es muy difícil de aguantar”.

La salud de los DT

“Los entrenadores deberíamos buscar la solución  al estrés con ayuda profesional. El fútbol argentino es en realidad el que te lleva a situaciones así, por cómo se vive, muy complicado. Está muy bastardeada la profesión y tres o cuatro partidos te hacen saber si sos bueno o sos malo. Hemos tenido la suerte de estar mucho tiempo en los clubes, tres años en Morón, dos años en Acassuso, tres años y medio en Dálmine… ya llevamos dos años y tres meses acá, pero el quedarse sin trabajo por perder dos o tres partidos es algo que no se entiende y eso también nos lleva a nosotros a vivir una tensión muy grande. A mí  me generó lo que me generó y obviamente en lo personal después del infarto estoy tratando, tratando, de tomarme las cosas de otra manera. Nuestro trabajo es estresante y creemos que si se pudieran manejar los contratos de los entrenadores como en Chile por ejemplo, habría mejor calidad de técnicos,  quedarían los entrenadores que mejor trabajen y la continuidad sería mucho mayor. Eso sería lo mejor para el fútbol argentino, pero es una cuestión que tiene que cambiar radicalmente, no solo debería cambiarla el gremio, también los dirigentes tendrían que entender que no se puede tener tres entrenadores o cuatro en el mismo torneo en un equipo, eso en otros lados está prohibido. Vos si eso lo limitás, los dirigentes empezarían a agudizar mejor el ingenio y veríamos muchísimo mejor fútbol porque se vería  plasmado el trabajo a largo plazo. Hoy es imposible. No hay descensos y ya se fueron tres entrenadores de la categoría”.

Ataque al corazón

“Los problemas de salud te los genera el estrés y la vida que uno lleva. Debería haberme empezado a cuidar mucho tiempo antes. Estando en Morón el médico me dijo que podría llegar a tener el futuro un problema si no me cuidaba y si no bajaba un poco el nivel de estrés, y bueno, lo pagué con el infarto. Venía de unos días que salía a caminar y sentía un hormigueo en el brazo izquierdo. Me hice un electro y la verdad es que me dio bastante bien. Nos toca ir a jugar por Copa Argentina con Talleres de Córdoba, caminamos hasta la Virgen y ese día yo ya me sentía mal. Mucho dolor en el pecho, me costaba respirar, la caminata se me hizo eterna. Jugamos a la noche el partido y no me sentía bien, entonces al  volver me tomé una pastilla para dormir. Cuando me desperté en el micro sentía dolor en el pecho. Llegamos al estadio donde paramos cada vez que volvemos de los viajes. De ahí vivo a cinco cuadras y en el camino hay una clínica. La verdad pensé que no llegaba porque me agitaba mucho y decidí meterme en la clínica porque si seguía hasta el departamento hoy tengo que pensar que estaría muerto. Me hubiese muerto ahí adentro. Tenía turno para las 3 de la tarde con un cardiólogo, por eso creo que tomé la mejor decisión de mi vida. Entré y  estaba  haciendo un infarto. Me hicieron una angioplastia y me pusieron dos stent”.

Música para pastillas

“Fui muy buen paciente los primeros cuatro meses y ahora estoy otra vez desbarrancando. Pero tomo las pastillas, trato de cuidarme y me alimento mejor que antes. Mucho más sano. Obviamente me tengo que cuidar porque el susto fue muy grande. Tomo cinco pastillas por día. A la mañana una para la presión, al mediodía dos para la coagulación de la sangre, a la tarde una para el corazón y a la noche una para el colesterol. He escuchado que hay gente que usa aceite de cannabis para bajar el estrés pero yo por ahora voy a hacer lo que me dice el médico, con la esperanza de dejar algunas pastillas, porque hay dos que van a ser de por vida. Al principio me prohibieron ir al club, estuve quince días sin ir, tuve que dejar un poco el teléfono… Hoy trato de usarlo menos, antes estaba muy pendiente, no me estreso si me llega un mensaje y no lo contesto. Estaba pasando un momento de mi vida difícil. Me estaba separando, mis hijos en campana, tenía la familia lejos, yo  acá en Rafaela… Entonces se cruzaron varias cosas para que sucediera lo que sucedió. El estrés personal, la falta de haberme cuidado, de comer asado más de lo debido, algún vaso de cerveza más de lo debido… Entre dos y tres asados por semana. Era imposible que eso no pasara”.

Presentimiento

“Me di cuenta de lo que estaba pasando. Sabía que era algo grave, pero me terminé de asustar cuando el médico que me estaba atendiendo me dijo ´Walter, tenés una arteria tapada al ciento por ciento y la otra en un ochenta. No estaba dormido, entonces vas viendo en el monitor lo que te van haciendo, ahí le dije al médico ´bueno doctor, menos mal que vine porque me iba a dar un infarto´ y el doctor me responde ´no Walter, el infarto se está dando en este momento´. Y ahí me dio un susto muy grande, que se me cayeron algunas lágrimas. Lo único que quería era ver a mis seres queridos. Estaba mi novia afuera esperándome y pedí que les avisaran a mis hijos, porque mi miedo más fuerte era no volver a verlos nunca más. Se me cruzaron un montón de cosas, el miedo a morir es feo, es grave, pero gracias Dios estuve en manos de un médico como el doctor Ingaramo, que me dio una tranquilidad total. Fue un momento nada más que tuve miedo. Tuve mucho apoyo. Recibí cantidades de mensajes de gente del fútbol y amigos de la vida, ahí me di cuenta de la importancia de mirar el lado positivo de la vida. Fue hace poco, el 3 de marzo, y todavía estoy recordando esas cosas feas y las otras lindas”.

Su continuidad laboral

“No sé si hay una fórmula para durar tanto en los clubes. Nos adaptamos a la situación y trabajamos en base a eso. También creo que debemos tener algo bueno profesionalmente, aparte de las relaciones humanas que generamos. Cuando te manejas correctamente siempre tenés un partido más. Y a lo mejor ese partido es el que te termina salvando. Cuando estábamos en Dálmine sabíamos que si no le ganábamos a Luján nos iban a echar. Ya lo sabíamos. Ganamos y después tuvimos la suerte de ascender. En Morón lo mismo cuando jugamos con Atlanta. Pero ganamos y estuvimos después 19 fechas sin perder y terminamos ascendiendo. Hacerte querer te da un partido más o dos y a tal vez ahí es donde encontrás la respuesta de los jugadores y salís adelante”.

Vestuario dividido

“En Morón duraban muy poco los entrenadores. Haber sostenido el proceso fue la clave para subir. Juntamos muy buenos jugadores y en un momento muy alto de su rendimiento. Se alinearon los planetas. ¿Si prefiero un plantel con jerarquía o un buen grupo humano? Nosotros tuvimos los dos casos. En los dos ascensos, casualmente.  En Dálmine hubo un grupo muy unido, que hoy son amigos todos, se siguen juntando y en base a la calidad humana del grupo logramos lo que logramos. En Morón no tanto, el grupo era muy bueno pero sabíamos que había diferencia entre los jugadores y nosotros lo aceptamos. Tal vez no eran los mejores amigos pero dentro de la cancha se tiraban de cabeza, demostraban un gran compromiso y las diferencias se terminaban ahí. Eran unos animales. Hemos tenido grupos que parecían inseparables y que nos dieron el éxito,  y otros en los que notabas que no había tanta afinidad pero que terminaron logrando cosas importantes. Mientras tengas buenos jugadores y los convenzas de la importancia del éxito, los jugadores te creen, te siguen y dejan las diferencias de lado por lograr el objetivo”.

Primera, a la vista

“Tenemos como cuerpo técnico la ilusión de llegar a primera y ojalá sea con Atlético Rafaela. Consideramos que formamos parte de una camada  de entrenadores que si no logramos algo por nuestros propios medios, nadie nos va a venir a buscar. Porque no tenemos eso que hoy tienen algunos técnicos, que por representantes o por marketing pueden llegar a trabajar en primera. Las cosas lastenes que lograr vos mismo. Algunos técnicos tienen un poco más de suerte y el camino es mucho más fácil. Llegan sin antecedentes laborales que los respalden, o solo porque jugaron en primera división. Hoy los dirigentes se  guían mucho por los entrenadores que hablan de otra manera, que usan palabras difíciles. Nosotros nos identificamos con un poco de la vieja guardia, peroaggiornados con la modernidad y la tecnología. En el trato seguimos siendo entrenadores simples, claros, menos complicados. Nos identificamos con el Ruso Zielinski, con el Huevo Rondina,con Ivan Delfino... Hay una moda que dice que si usas palabras difíciles sos superior al resto. Hoy los dirigentes se apoyan en eso, cuando  el único sostén comprobable te lo dan el trabajo, la seriedad y por supuesto los resultados”.

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