Sus conquistas le dieron rápida fama y lo contrató el Atlético Mineiro. Así comenzó la carrera "Paulinho", como lo bautizó la torcida brasileña. Tricampeón con el Mineiro en los años '54, '55 y '56. A mediados de 1956 fue transferido al Botafogo. En la entidad carioca compartió equipo con Garrincha, en su plenitud y a un notable Jairzinho que recién asomaba. Se consagró campeón en su primera temporada y logró poner final a una racha negativa de casi una década sin alegrías, en uno de los clubes más populares de Brasil. La final fue un episodio épico e inolvidable para la torcida, con una victoria por 6 a 2, con cinco goles del personaje en cuestión: Valentim.

En el Sudamericano del '59 jugado en Buenos Aires, alcanzó la coronación internacional definitiva. La delantera formaba con Garrincha, Didí, Valentim, Pelé y Zagalo. Le tocó ingresar en el segundo tiempo, frente a Uruguay, en un partido caliente que se convirtió en una batalla campal. Su equipo perdía 1 a 0 con gol del "Chongo" Escalada. Con el as de espada en la cancha cambió todo. Marcó los tres impactos que besaron la red uruguaya y le brindaron el triunfo al encuentro. Los dirigentes de Boca que estaban en las plateas quedaron deslumbrados, principalmente Alberto J. Armando, quien enseguida expresó: "Este hombre tiene que ser nuestro mañana mismo". Por tres millones de pesos Paulo Valentim se vistió de azul y oro, el 1º de mayo de 1960 precedido de espectaculares hazañas goleadoras. Proezas que lo transmutan en un goleador sensacional. ¡Un mito empezaba a gestarse!

"Recuerdo que lo primero que me dijo Armando cuando me dio la mano fue: 'Usted lo único que tiene que hacer es goles a River', sostuvo Valentim. Y la pucha si le hizo caso. Fue el máximo goleador xeneize de los Superclásicos con 10 tantos en 7 duelos con los riverplatenses. Es considerado el verdugo de Amadeo Carrizo. En esa batallas, el grito de guerra de la tribuna era:"Tim-Tim-Tim…gol de Valentim. A Carrizo le metió, nada menos, que ocho. Alguna vez Amadeo le atajó un penal, pero en otra le marcó tres. "Carrizo fue mi gran rival en los clásicos, pero nunca lo sentí como mi enemigo. Llegaba a casa y repasaba los goles y pensaba en su amargura. ¿Y sabés por qué? Porque Amadeo no sólo fue un maestro en el arco sino un caballero total. Me fui de Boca y quería despedirme, tomar un café y abrazarlo. ¡A mi hijo Ulises siempre le conté que gracias a Carrizo me hice famoso", expresó Valentim. Es importante destacar la nobleza de Amadeo Carrizo cuando fuimos juntos a visitarlo a Paulo Valentim, internado en el Hospital Italiano y se dieron un caluroso y sincero abrazo. El famoso goleador boquense falleció el lunes 9 de julio de 1984, a los cincuenta años.

Por su parte Ángel Labruna fue el asesino serial frente al arco Xeneize (le convirtió 16 goles). Participó de 35 Superclásicos. Me contó Ángel en una cena que tuvimos: "Entraba al vestuario y los agarraba a los muchachos, y les decía con Boca nos vamos a llenar todos de guita, denme bola a mí. Como no teníamos premios apostábamos con el padre de Boyé, mi gran amigo. En octubre del '41, el que triunfaba se llevaba el pozo, en el Monumental. Destrozamos a Boca con una goleada histórica de 5 a 1, nos llevamos 10.000 dólares cada uno. Desde ese partido empezaron a escucharme y creerme". 

Labruna era inteligente, creador, talentoso, sanguíneo, frontal, peleador, polémico. Mal perdedor y mal ganador, guapo, burrero, amado por los de River y odiado por los de Boca. Un verdadero crack reconocido por todos, auténtico ganador, furioso hincha millonario, como jugador primero y como técnico después. En 515 partidos anotó 293 goles con la banda roja. Un día conversando con el gran Adolfo Pedernera, me dijo: "Del famoso equipo de 'La Máquina' aquel de Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau, el único que quedará en la historia será Angelito Labruna, porque era el goleador, y los goles quedan registrados en las estadísticas, en la retina y en el corazón y son transmitidos boca a boca generación tras generación, nunca mueren"  

Si hablamos de los Superclásicos jamás podemos olvidar mencionar a Paulo Valentim y Angel Labruna porque fueron protagonistas irrefutables de esta hermosa historia.