Los momentos psicológicos suelen ser decisivos en el fútbol. Hay muchos, pero entre los más decisivos se ubican el cierre de un período y el comienzo del siguiente. Talleres le sacó el jugo a ambos tramos con conquistas que representaron tremendas puñaladas al corazón de un Belgrano desesperado.

Seguramente el equipo de Juan Pablo Vojvoda tuvo otras atributos y en especial, a las mejores individualidades del clásico, lo que le permitió funcionar en todo momento como equipo. Pero el punch lo sacó a relucir en esos instantes en los que, por lo general, los elencos lucen descontracturados, intentando bajar la persiana en un caso, o comenzar con esos instantes de estudio, por el otro.

Ramírez celebra el primer gol de Talleres. (FotoBaires)

La cuestión es que la T no perdonó y con un gol de Juan Ramírez, a los 43 del primer tiempo, y dos de Nahuel Bustos a los 2 y 4 del segundo, se despachó con un 3-0 que puede sonar a exagerado pero que se entiende desde dos estados de ánimo distintos. 

A pesar de las imprecisiones, el juego cortado y las escasas situaciones, Juan Ramírez fue el distinto; el que llevaba a su gente a creer que en cualquier momento rompería la paridad. Lo hizo sobre el final de la primera parte, burlándose del achique Pirata ante un pase en cortada de Maroni siendo derribado por Rigamonti. Claro penal que él mismo canjeó por gol con una definición exquisita.

La intención de Lucas Bernardi de emparejar el juego primero y el marcador después, con el ingreso del paraguayo Lugo por Gil Romero, chocó con la eficacia de otro que fue figura: Bustos.

Con su doblete, Bustos fue la figura del clásico cordobés. (Fotobaires)

El pibe tuvo dos minutos de gloria, primero convirtiendo un golazo desde afuera del área (la clavó en un ángulo) y luego definiendo de zurda ante un error defensivo adversario.

Con el trámite definido, Talleres se dedicó a entusiasmar a su gente, que terminó celebrando cada intervención de sus futbolistas, incluidas las de Herrera, que en tres oportunidades evitó el descuento que Belgrano buscó con mucha vergüenza y nada de fútbol.

El hincha Albiazul se adueñó de Córdoba, festejó con los suyos y despidió a los de Celeste al grito de "se van para la B". En una palabra, tuvo un domingo ideal, de esos que perdurarán por mucho tiempo en su memoria.

Los jugadores de Talleres celebran un triunfo histórico. (Fotobaires)

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