Matías Almeyda fue el motorcito y gladiador del mediocampo riverplatense, dueño de una entrega descomunal. Cumplió el ciclo de jugador entre 1992-1996 y 2009-2011. Ganó 4 títulos (3 locales y 1 Libertadores). Jugó 138 partidos y participó de 7 Superclásicos y anotó 6 tantos.

Hoy es el técnico de San José Earthquakes, en California, de la Major League Soccer (MLS) de Estados Unidos, pero no se olvida su travesía de entrenador cuando su querido River se fue al descenso, situación que lo marcó para todo su vida.

DEPO se comunicó con El Pelado, mediante su esposa Luciana García Pena, y recordó en exclusivo esa época imborrable. “Estoy seguro que tanto el socio, como el hincha millonario, son muy conscientes de mi entrega incondicional primero como jugador, y después como técnico. Siempre dejé el cuerpo y el alma. Ese enorme cariño me lo demuestran día a día; es una devolución y un reconocimiento mutuo, porque lo hicimos juntos. Ellos con su pasión y yo con mi sacrificio, mi salud y constante lealtad a esa camiseta ¡Soy un fanático apasionado por River, desde mi corazón!”.

Matías abandonó oficialmente la carrera de jugador profesional el 22 de junio de 2011, en el trágico enfrentamiento de la Promoción contra Belgrano, en el estadio de Córdoba, donde el equipo de Núñez perdió por 2 a 0. Allí Almeyda sufrió su quinta amarilla, lo que le impidió estar presente en el encuentro de vuelta, en el Monumental. El plantel de J.J. López no logró revertir el resultado y con el empate de 1 a 1 perdió la categoría por primera vez en su historia. Es digno de destacar su coraje, admirable temperamento y fortaleza anímica de Matías Jesús Almeyda, que cinco días después de haber dejado de ser jugador se calzó la camiseta de director técnico de River, para dirigir al conjunto de La Banda Roja en la segunda división.

-¿Alguna vez Daniel Passarella armó el equipo o exigió la presencia de algún jugador?

Nunca, conversábamos de fútbol pero siempre el equipo lo formé yo; lo juro por mis tres hijas. Además, sabía perfectamente que hubiese renunciado. Con Daniel siempre mantuve una relación rara, muy especial, es el día de hoy que lo trato de usted.

-Tu alegría la suponemos pero ¿cuál fue tu mayor desilusión?

Pasaron infinidad de cosas hermosas y dolorosas. La más fuerte fue una herida que no cerrará nunca. Observar tanta hipocresía me daba asco. Venía la gente amiga del club y me decía: ‘Matías está aterrizando Ramón Díaz, en diciembre arreglarán con vos y te vas… Sabían que conmigo no tendrían problemas, pero esa falta de respeto fue intolerable y deja huellas imborrables. Pese a todo el trago amargo nunca hará cambiar mis sentimientos ni hacia la institución ni hacia el hincha.

-¿Cómo fue tu sensación cuando ascendiste?

Sentí como que se descomprimía un grave problema, y que si no lo resolvía satisfactoriamente mataba en forma definitiva mi futura carrera de técnico y hoy por ejemplo no estaría acá. Todo está representado en ese llanto espontáneo tras el partido contra Almirante Brown, con los dos goles de David Trezeguet. Fue un llanto de dolor, de alegría y, sobre todo, por haber cumplido mí objetivo de estar una sola temporada en la B.

-Ya que fuiste tan respetuoso de atenderme, Matías ¿querés agregar algo más?

Sí, que la MLS debería participar de la Copa Libertadores, sería lógico que hubiera un solo campeón en todo América

Sin duda, El Leoncito Almeyda se ganó un lugar de privilegio en el Olimpo riverplatense y escribió una página de gloria aplaudida por hinchas y reconocidas por los dirigentes; se constituyó en una leyenda indestructible.

Alfredo Luis Di Salvo

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