Ahora se entiende porque San Lorenzo le venía esquivando al partido. Lo postergó cuantas veces quiso y lo jugó cuando quiso, cuando recuperó soldados pero no la imagen de equipo.

Conclusión: quedó eliminado. Y aquí entra a tallar Temperley. El paciente Celeste del Sur. El que se bancó los caprichos ajenos, los cambios de día y de sede. Tuvo aguante. Primero para soportar las chiquilinadas del poderoso; y ya en el partido, diciendo presente de una manera conmovedora en las tribunas.

Sólo le faltó aguantar el resultado que en forma irreprochable comandó desde los 15 hasta el fatídico minuto 90, cuando un remate de Blandi, con un pequeño desvío en un defensor que descolocó al enorme Marcos Castro, se transformó en el injusto 1-1 final.

Pero como muchas veces ocurre, los penales le hicieron un guiño a quien hizo mejor las cosas en el partido y que, gracias a la convicción de sus ejecutantes y la gran intuición de su arquero, se quedó con el pasaporte a las semifinales de la Copa Argentina.

No despierten a Temperley. Está soñando y bien merecido lo tiene. Ahora, Central o Newell´s. Con éste compromiso, con esta predisposición, con ésta actitud y con éste aguante, es capaz de seguir sorprendiendo.

El gol de Ramiro Costa al cumplirse el primer cuarto de hora fue la consecuencia de un marcado dominio de Temperley ante un San Lorenzo impreciso y con enormes interrogantes en su retaguardia.  Ya había avisado en dos oportunidades hasta que el delantero, con un cabezazo de sobrepique, abrió el marcador.

En desventaja, San Lorenzo fue incapaz de tomar las riendas del juego. Así, salvo con un cabezazo de Blandi que pegó en el travesaño, no logró inquietar a un equipo firme y entusiasta.

Lo paradójico del encuentro fue que a partir de los 14 minutos del complemento, cuando quedó en inferioridad numérica, el Ciclón mostró algo de rebeldía. Es cierto que quedó expuesto en cada contra que tuvo Temperley, pero al menos cambió su actitud. Ese empuje le permitió disponer de algunas ocasiones aunque debió recurrir a la fortuna para igualar el juego y llevarlo a la definición desde el punto penal.

Allí, donde San Lorenzo parecía fuerte (en esta competencia había gfanado 5 de 6 definiciones), claudicó ante un equipo que tuvo a un arquero inmenso y a unos ejecutantes certeros.

La felicidad se trasladó de Lanús a Temperley en el imaginario tren de la alegría. ¿San Lorenzo? Nocaut y su DT, en Pampa y la vía.

 
El plantel de Temperley celebra el primer gol del partido. (Fotobaires)

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