Para que festeje el Diez. Para que alce la copa de champú, allá, en el firmamento, bailando cumbia como le gustaba. Boca eliminó a River de la Copa Argentina en el primer partido oficial desde que el Estadio Ciudad de La Plata pasó a llamarse Único Diego Armando Maradona.

Creer o reventar, pero, luego de ser superado colectivamente, pasarla mal en la segunda etapa y transitar noventa minutos sin patear al arco, el equipo de Miguel Ángel Russo fue ciento por ciento efectivo en los penales y accedió a los cuartos de final tras el 0-0 en tiempo reglamentario. Una clasificación milagrosa, que pareciera haberle caído del cielo. ¿Su próximo rival? Patronato.

El primer tiempo fue pobre colectivamente y el protagonista estelar fue el campo de juego. Humedecido en demasía, el estado del césped descontextualizó el desarrollo. La pelota cobró una velocidad inusitada y, además de exigir una rapidez mayor para ser controlada en un movimiento, impidió la posibilidad del traslado.

La consecuencia fue lógica: dificultades para la construcción de sociedades o problemas de cálculo para los jugadores que, tal vez, podrían haber desequilibrado en lo individual. El único que logró hacerlo, de forma intermitente pero productiva, fue Juan Ramírez. En las dos o tres que ex San Lorenzo arrancó con balón dominado no logró progresar verticalmente, pero cargó de amarillas al sector defensivo de River. El nivel general, repetimos, fue de vuelo bajo.

Al Millonario le costó acomodarse de entrada y, extrañamente, pareció perder la tenencia. Cuando logró que De la Cruz encontrara los espacios entre Rolón y el Pulpo González, acercó el trámite al arco de Rossi. Y tuvo la única situación clara de los 45 iniciales: Julián Álvarez frenó frente a Izquierdoz, tiró un centro rasante y Romero, solo, casi sobre la línea de gol y con Rossi sin chances, le erró a la pelota; Zuculini capturó el rebote y su disparo de zurda se fue por arriba. ¿Lo positivo para Boca? El planteo, pues evitó lo que buscaba: que ni Angileri ni Montiel pasaran al ataque. Colectivamente, no pateó al arco.

No la embocó

Con los dos centrales amonestados, el técnico de River consolidó la defensa con el ingreso de Casco y apostó a la centralización del juego. Apenas arrancó el complemento, Paradela inició una jugada que finalizó con un disparo de Zuculini, otra vez de zurda, que atajó Rossi sin dar rebote. Enseguida, el propio ex Gimnasia probó cruzado y se fue cerca.

Al toque, De la Cruz le pegó de media distancia y su zurdazo se fue cerca del ángulo. Boca, remendado con Briasco de 9 y Ramírez dependiente, siguió sin inquietar, e inclusive, ya perdiendo el control sectorial. Russo lo notó y, con la seguridad de que Casco no atacaría, hizo ingresar a Cardona por el centro y a Obando directamente para encarar y presionar la salida. Romero también intentó desde afuera y, aunque por unos centímetros, tampoco acertó.

Sin tiempo para más, fueron a los penales, donde Boca, que casi no había pisado el área de Armani en los 90 minutos, metió todo. Y River, dueño de las más peligrosas en tiempo reglamentario, se terminó quedando afuera. Para felicidad del Diez y el desahogo de un equipo moroso en el juego, pero que tuvo el apoyo de D1OS.

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