¿Las maravillas del mundo son siete? Revisen bien porque en la Argentina surgió una octava. Lo de River es impactante: lo demuesta fecha a fecha y al que le tocó sufrirlo ahora fue Argentinos Juniors.

El Millonario se impuso 3 a 0, llegó a los ocho triunfos consecutivos y se encamina al título. Solo los números, fríos como nunca, impiden que se hable con antelación. Pero la cosa parece liquidada. Además de hacer de manera perfecta lo suyo (jugar y, ante todo, ganar), a River lo ayudan otros resultados. La jornada fue redonda porque se floreó y, gracias al empate de Talleres, le sacó nueve puntos a los cordobeses. 

El Millonario impone condiciones, genera sociedades, mueve la pelota hacia adelante, asfixia al rival, se le viene por todos lados y no se queda en un lamento por una acción desperdiciada. Enseguida mete presión, recupera y vuelta a empezar. Así fue el primer tiempo ante un rival que se comió un baile infernal. El local fue por ambas bandas aunque la más elegida fue la izquierda, donde de entrada provocó la amonestación de Mac Allister. Por allí se impuso el 2-1 entre Palavecino y Casco y además para ese sector se tiraban Rollheiser o Julián Álvarez. Todos movimientos mecanizados. La diferencia era abismal: River jugaba a altísima velocidad; Argentinos parecía un coche antiguo al que hay que empujar para que arranque. 

Cuando se aprecia semejante diferencia entre un equipo y otro, el gol llega por decantación. La media distancia se está convirtiendo en un arma importante para destrabar un partido (créanos que aquí no lo hubo) y Zuculini lo entendió con un remate violente que pegó en el travesaño y picó adentro. ¡Golazo! Un rato después, para no darle respiro, Enzo Fernández reventó el poste derecho.

El equipo de Gallardo se fue al descanso con la mínima, lo que fue un exagerado premio para un Argentinos que nunca antes se había mareado tanto con Gabriel Milito como entrenador. 

Lo de River es tan grandioso que puede apagar con la incertidumbre con un simple enojo de su DT. El Bicho arrancó el complemento discutiéndole el resultado pero bastó que el Muñeco Gallardo exigiera que retomen el juego de la parte inicial, para que los intérpretes definan el pleito. En apenas dos minutos, con los mismos protagonistas turnándose en la gestión, el local se puso 3 a 0. Primero Braian Romero tocó al medio cuando salía el arquero para que Julián Álvarez empuje y luego se invirtieron los roles: asistencia de la Araña y definición del ex Defensa y Justicia.

El resto estuvo de relleno. Aunque para River no existe el relax. Por el contrario fue por más y, si no logró estirar más las cifras, fue por la falta de punch. De todas maneras, la fiesta ya estaba instalada hacía rato.

 

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