"Muchachos no pierdan la esperanza, Ramón ya está por llegar; muchachos por favor no desesperen, Ramón ya está en la puerta de mi hogar; ahí viene Ramón, la alegría de mi alma; ahí viene Ramón, con la risa en su mirada; ahí viene Ramón, despacito casi lento; ahí viene Ramón, de músico ligero". La letra -naturalmente- se llama "Ahí viene Ramón" y corresponde a la Bersuit Vergarabat, aunque tranquilamente la podría haber cantado la hinchada de River el 30 de agosto de 1991, cuando Ramón Díaz (después de 9 años en Europa) volvió a vestir la camiseta de la entidad millonaria.

El Pelado no sólo es un técnico muy ganador, sino que además fue un delantero de enorme jerarquía, tanto a nivel doméstico como en el ámbito internacional. Por eso su regreso a Núñez fue un auténtico acontecimiento en 1991, luego de casi una década en Italia y Francia.

La jornada tan recordada fue ante Rosario Central, encuentro en el que el Milonario se impuso 2-1. Tal como le ocurre a los grandes héroes, la historia arranca con un contexto negativo pero logran revertirla con una ráfaga de talento y lucidez.

El momento en el que el Pelado falla el penal.

En esta oportunidad, el Canalla se imponía 1-0 y el goleador tenía la posibilidad de igualar la historia a través de su remate de penal, pero falló la pena máxima. Lejos de amedrentarse por la situación, Díaz se destapó sobre el final del complemento, ya que convirtió a los 43 minutos y a los 45 para dar vuelta el marcador. ¿Cómo le fue en esa temporada? Con 14 goles, fue el máximo artillero del Apertura 1991, torneo en el que dio la vuelta olímpica.

Después de ese partido, el Pelado manifestó: "Uno siempre espera lo mejor. Pero... A la hora de salir a la cancha las piernas se aflojan. Aunque uno haya trabajado bien, esté en buenas condiciones y se tenga confianza. Es imposible no sentirse nervioso, es inevitable que aparezcan viejos recuerdos. Volver al Monumental después de nueve años no es poco. La gente de River me conoce muy bien y me brindó lo que yo esperaba: un recibimiento hermoso, tan cálido como había sido aquella despedida en 1981. Lo intuía, lo esperaba. En fin, íntimamente lo sabía. Pero no había imaginado ningún cantito, algo que en Europa no es común. Escuché "Los goles del Pelado que ya van a venir. . .", el mismo de siempre, y me estremecí, me pegó fuerte".

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