No hay caso. A esta altura parece un problema sin solución. A Independiente le otorgan un penal y llora. Parece encaprichado en desperdiciarlos agigantando la figura de los arqueros contrarios. En ésta ocasión, el que le ahogó un grito desde los once metros fue Augusto Batalla, figura de un Tigre que demostró porque está severamente complicado en la tabla de los promedios.

Si bien no acumuló demasiado mérito para quedarse con los tres puntos, el Rojo dispuso de esa inmejorable oportunidad en la que ahora fue Gonzalo Verón el que se sumó a la lista de ejecutantes sin fortuna. El 0 a 0 dejó al equipo de Ariel Holan, con tan solo seis salidas a escena, demasiado lejos de la punta y a su gente impaciente, exigiendo la clasificación a semifinales de la Libertadores el martes próximo, rogando que no haya definición desde el punto del penal por los dolores de cabeza que le generan y porque encima, en el hipotético caso de que se dé, debajo de los tres palos del rival estará un Franco Armani que hoy día parece indestructible.

Rapallini no dudó y ante la falta de Prediger cobró penal (Fotobaires).

Independiente le sigue dando la espalda a la Superliga. Es cierto que la obsesión es la copa, pero también es verdad que al jugar cuatro días antes de ir a Núñez, el entrenador tenía cierto margen para poner una formación más o menos parecida a la que sale a jugar por los porotos importantes. Ayer salió con un equipo con poco rodaje donde salvo Franco (sorprendentemente de floja labor), Sánchez Miño y Gigliotti, está por detrás en la consideración del entrenador.

Tigre no tomó nota de la ventaja importante que le entregó su rival. Salvo en los primeros 25 minutos, donde se atrevió y puso en acción a Milton Álvarez (bien en las tres que le tocó intervenir), respetó en demasía a un equipo alternativo. Y tras el penal que Batalla le contuvo a Verón, empezó a tomarle cariño al puntito sin entender que en la última linea local había desatenciones. 

Gigliotti encabeza un ataque de Independiente (Fotobaires).

Independiente sólo tuvo un ratito de furia. Fue en los 20 minutos finales de la primera etapa, donde erigió al arquero del Matador en la gran figura. Primero tapándole un mano a mano a Gigliotti, luego el citado penal a Verón (le dio sin confianza) y por último un cabezazo cruzado de Asís. Y en el complemento, apenas un testazo forzado del Puma. Y nada más. Entre la falta de ideas de uno (el Rojo) y el conformismo del otro (el Azulgrana) se consumó un segundo período con poco juego debido al corte sistemático, con infracciones tácticas y de las otras, de parte de la visita, que no recibieron el castigo que se esperaba por parte de Rapallini.

La bronca de los jugadores por el empate (Fotobaires).

El Diablo volvió a fallar en la Superliga y se fue bajo unos tenues silbidos de su exigente público, que espera una alegría el día martes. Tigre se retiró conforme con el punto, a pesar de que para lograr algo parecido a un milagro que sería la salvación, deberá darse cuenta de que lo más conveniente es sumar de a tres.

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