Así como sería inmerecido asociar a Beethoven con la mera sordera o a Mozart con su presunta mala educación, del mismo modo se vuelve justo celebrar que Diego Maradona haya regresado al fútbol argentino en directa ligazón con lo más propio, lo que más le atañe y reconcilia con sus orígenes.

El Maradona, sea dicho de otro modo, más Diego o más Pelusa, el Maradona expresado en un espíritu de potrero siempre bombardeado pero jamás abdicado.

He ahí el genuino "Diego de la gente" a salvo de los múltiples intereses que lo rodean y en cierta medida a salvo de sí mismo.

A salvo, pongamos, del Maradona sujeto y objeto de brumas, de apetitos voraces y oportunistas rapaces.

Por lejano que sea, es el Diego de Villa Fiorito el que escribió una historia sideral, el que persiste y resiste cada vez que pisa una cancha de fútbol.

El fenómeno deportivo, antropológico, sociológico, el que inspira admiración y gratitud, el que emociona, el hombre que llora como un niño: el mito que camina.

Ese es el Diego capaz de dialogar amorosamente con las expectativas del universo del club que lo ha contratado, Gimnasia, y de la extensa comunidad devota del juego de la pelota número 5 que se siente nombrada y convocada por el duende luminoso del Estadio Azteca.

El otro, el otro es Maradona, la víctima y el victimario de un ego desbocado, el lenguaraz, el que tira la piedra y esconde la mano.

El otro es Maradona, el que se ofrece como usina de facturación y visibilidad, el de los discursos a contrapelo, el que habla a una multitud y promete el regreso a Primera a los hinchas de un club que juega en Primera.

El que en la conferencia de prensa responde con peras a una pregunta sobre manzanas y nueve años después sigue explicando una derrota de 4-0, la de Argentina con Alemania en el Mundial de Sudáfrica, por un gol recibido a los tres minutos del primer tiempo.

En el arduo y a veces dichoso diálogo de Diego con Maradona se cifrará el destino del director técnico de Gimnasia, pero en tanto destino carecemos de avances de esa película, todo está por verse y se verá a partir de hoy.

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