Juan Manuel Cruz nació el 19 de julio de 1999 en Argentina, pero su infancia se dio en Europa. Porque desde que sus padres (Julio y Lorena) se conocieron, ambos apostaron a la familia. Persiguiendo los sueños deportivos de su progenitor, el "Jardinerito" tuvo una niñez envidiable: vivió en Rotterdam hasta que una nueva mudanza lo depositó en Milán. En la ciudad de la moda respiró fútbol: mientras el mítico delantero de Inter rompía redes, él jugaba en una escuelita del "Neroazzuro"; allí se dio cuenta que los goles los llevaba en la sangre y que la facilidad para moverse en el área no tenía que ver con algo mecanizado sino que formaba parte de una herencia familiar. Pero las vivencias en Italia fueron mucho más profundas, contemplando que allí hizo la primaria y formó una relación de amistad con dos monstruos del fútbol como Luis Figo y Zlatan Ibrahimovic, el legendario delantero escandinavo al que aún admira. El destino quiso que en 2010 pegue la vuelta a su tierra natal, donde fue tratado de extranjero por sus limitaciones con el castellano. Pero superó las dificultades del lenguaje para cumplir el anhelo de sus padres y terminar la secundaria, estudiando luego seis meses más en la facultad hasta entender que quería tener el mismo trabajo que su papá. Actualmente es una de los delanteros más prometedores del fútbol doméstico gracias a su tenacidad en los metros finales que demuestra en Banfield.

-Tu carrera y tus inicios en el fútbol fueron inversos al que tuvieron la mayoría de los jugadores, ¿coincidís?

-Fue algo poco común lo mío. Mis viejos siempre quisieron que tenga como prioridad el estudio, eligieron un colegio que iba doble turno y era imposible entrenar o jugar al fútbol. Terminé el colegio a los 17 y como siempre quise jugar, le pedí a mi papá que me dejara hacer una prueba en algún club. Surgió la posibilidad de Banfield y por suerte quedé.

-De todas formas evitaste el camino traumático de las inferiores. ¿Lo ves como algo favorable?

-Con mi viejo lo hablo bastante, él me contaba que en inferiores tuvo momentos malos, que hasta un técnico le llegó a decir que deje de jugar al fútbol y se dedique a estudiar. De ese lado zafé, evité los momentos malos que vivís en inferiores. Por eso también mi viejo siempre quiso que yo estudiara por esos temas, no me veía o no quería que yo sufriera todo lo que él pasó en inferiores. Pienso que el destino quiso que esto sea así, por ahí si arrancaba de chiquito no tenía la suerte de llegar a Primera. Fue un proceso corto pero duro.

-¿En ese proceso corto te sentiste juzgado por ser “hijo de”?

-Siempre hay alguno que piensa eso. Yo siempre traté de sacar a mi padre de esto y traté de hacer mi propio camino. Desde el primer momento le dije que quería hacer mi propio camino, sé que va a estar siempre el hecho de ser el “hijo de” o que digan que estoy acomodado, pero laburo para lograr los objetivos.

-¿Te aconseja tu viejo?

-Sí, es una ventaja. A veces vemos partidos juntos y me marca movimientos que hacen los delanteros, eso me ayuda muchísimo para seguir creciendo.

-¿Tomaste dimensión de lo que fue tu papá en el fútbol?

- Es un orgullo poder ser el hijo de él, porque para mí es mi ídolo y a nivel mundial es reconocido. En Inter, en Bologna y en Feyenoord lo quieren mucho. A veces me pasa que digo “es mi papá”, pero otras veces veo todo lo que él vivió, de las personas que pasaron al lado nuestro y no dejo de sorprenderme.

-Los más significativos que conociste gracias a él fueron Zlatan y Figo…

-Siempre hablo de ellos porque eran como amigos, venían bastante seguido comer a casa. Antes era chico pero ahora que tengo más conciencia no lo puedo creer. Por las anécdotas que cuenta mi viejo siempre fue igual Zlatan, desde pendejo. Nunca cambió (risas).

¿Cómo fue tu infancia?

-Desde que nací lo acompañamos con mi vieja y mis hermanos a donde él jugara. Yo viví más de la mitad de mi vida en Europa, entre Holanda e Italia. Volvimos en 2010 y hasta 2016 estudié en el colegio. En 2017 terminé y llegué a Banfield.

-¿Cuantos idiomas aprendiste gracias a las mudanzas que tuviste?

-Sé tres idiomas, no me puedo quejar. El inglés es muy importante, en cualquier lado del mundo donde vayas lo necesitás, el italiano lo aprendí por vivir ahí y por ir al colegio, y el español lógicamente por mis padres.

-¿Cómo fue volver al país y estudiar en Argentina?

-Me costó mucho el español. Mi primera lengua era el italiano porque hice la primaria en un colegio italiano que era bilingüe (italiano e inglés). Cuando vine al colegio me tomaron como extranjero. Aprendí lo básico del castellano y con los años me fui acomodando, pero costó bastante. El español lo hablaba con mis viejos en casa, pero nada más.

-¿Y soñás con volver a Europa como jugador?

-Arranqué jugando acá pero el fútbol europeo es el mejor del mundo. Es el sueño de todos poder consagrarse en el fútbol de allá.

-¿En qué liga te sentirías más cómodo?

-Me gusta la Serie A, La Liga y la Premier League.

-Y en el mientras tanto, ¿cómo ves al Banfield de Dabove?

-El proceso que tuvimos con él fue muy bueno, desde el primer momento nos dio tranquilidad. La intención de juego la agarramos rápido, nos fue bastante bien en los últimos partidos del año pasado.

-¿La llegada de Cvitanich te puede potenciar aún más?

-Adentro y afuera de la cancha Darío nos va a dar muchísimo. Con su experiencia a mí y a Rami ( Enrique) nos va a ayudar muchísimo, es fundamental para nuestro crecimiento.

-¿Para qué está Banfield?

-Tenemos un gran plantel. Trataremos de dar pelea en los tres torneos que tenemos. Trataremos de avanzar lo más posible en Copa Argentina y Sudamericana, y tratar de clasificarnos a la última fase de la Copa de la Liga.

Por Leo Schwarz

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