El Superclásico, encuentro más observado por el fútbol argentino y mundial, ha sufrido por la cantidad de irregularidades, desquicio y violencia la pérdida de entusiasmo, pasión y expectativa. Ninguno de los hinchas está de acuerdo que haya sido trasladado el desafío a 12 mil kilómetros de distancia. Le hayan robado la localía a los riverplatenses e impedido a los xeneizes, si fueran los ganadores, poder dar la vuelta olímpica en el Monumental. Nada es lo mismo, las anormalidades son protagonistas. Jamás una final europea se jugaría en la Argentina, sería una imposible utopía. Pese a la incoherencia tenemos que tolerarlo y la gente que compró la entrada, muchos con gran esfuerzo, tener que joderse.

Un referente como Juan Román Riquelme, afectado por la injusta decisión de la Conmebol, declaró: ”Nos acaban de quitar el Superclásico, será el amistoso más caro de la historia”, es el termómetro del hincha de Boca, en la mayoría de los casos describe la situación mediante una opinión con envidiable exactitud. Antes de despedirse, hizo una relevante aclaración: “No descartó presidir al club de la Ribera en algún futuro y aclaró que su relación con Daniel Angelici es de respeto y no de amistad”.

El clásico de la Boca, como se lo conoció en sus comienzos, es una pasión que no muere nunca y se renueva constantemente. Nunca se encontraron en una final, un hecho histórico futbolístico nacional. Si recurrimos a las estadísticas en Copa Libertadores de América, se enfrentaron en 25 ocasiones y observamos los siguientes números: 10 triunfos de Boca Juniors; 7 de River y rmpataron en 8 oportunidades.

Depo se comunicó con tres ex jugadores representativos: uno millonario, uno boquense y otro que participó en los dos equipos, con el objeto de conocer su postura sobre lo ocurrido:

Norberto Muñeco Madurga: Participó de 9 Superclásicos y anotó 4 goles a River y obtuvo 3 títulos con Boca. Su habilidad de estratega resultaba un recurso extraordinario y su despliegue devastador le costaba al plantel acompañar su dinámica, muy querido en el mundo boquense. Logró popularidad en las inferiores de Atlanta y de ahí pasó a la Primera de Boca y debutó en la Libertadores de 1966. “Fue mi recordado por el gol que le convertí a Amadeo en el empate de 2 a 2. Con respecto a los incidentes me causó una inesperada desilusión. Con toda la gente que converso en estos días me manifiestan una profunda amargura por el accionar de la Conmebol. Pienso que las dos hinchadas se tendrían que haber unido y haber sido intransigente al cambio de escenario. Mi pálpito es el triunfo boquense”.

Ernesto Heber Mastrángelo: En River de 1972 –1974, 4 Superclásicos. Pasó a Boca de 1976–1981, 11 Superclásicos, 2 goles a los Millonarios y 6 títulos. Es un personaje interesante porque jugó los clásicos en las dos veredas y descolló tanto en el equipo de la banda roja como en la azul y oro, que lo enamoró. Un logro que muy pocos pudieron concretar. "Con River tenemos más posibilidad de ganarle en el Monumental que en la Bombonera, por la garra que nos caracteriza. Recuerdo una anécdota que nunca la conté. Nosotros cobrábamos el 70% de lo que le quedaba a Boca y nos convenía jugar los dos partidos en Núñez porque tenían más localidades y la recaudación era mayor. En un partido en River recibimos U$S 100 mil para repartir. Se lo propusimos a Alberto Armando y lo había aceptado, pero después por la presión de la hinchada desistió. Tengo el orgullo de haber conquistado con el equipo xeneize dos Copas Libertadores la de 1977 y 1978 y la Intercontinental del ’78. ¡Para mí nos traemos la Copa de Madrid!"

Daniel Onega: Participó en River en 1966/1971 y 1973, y de intervenir en 17 Superclásicos. El Fantasma aparecía como un rayo cuando nadie lo esperaba. “Tengo el orgullo de ser el máximo goleador de la Libertadores, con 32 tantos. Estuve en la cancha ese sábado maldito de las piedras al micro de Boca, no puedo concebir que 40 inadaptados puedan superar a 66.000 personas. ¿La vigilancia dónde estaba? Me llamaron desde España y me confirmaron que fue un negocio entre la Conmebol y el Real Madrid. Es inaudito que lo hayamos aceptado. Recuerdo la Libertadores del ‘70 que empatamos en la revancha en la Bombonera 1-1, los goles lo marcaron Rojitas y yo. En el partido de ida los derrotamos por 1 a 0 con gol del Chamaco Rodríguez. ¡Gana River!".

Frente a tanto escepticismo, pensamos que cuando se sienta el silbato del árbitro y comience a rodar la pelota cambiaran los ánimos por la exaltación que despierta el enfrentamiento, un sentimiento incontrolable…

Alfredo Luis Di Salvo