Siempre hay que estar preparado. Nunca se sabe de dónde puede venir la piña. La vida, creemos, es como la galera de un mago: capaz de sorprender en el momento menos pensado, para bien o para mal.

Aquella noche del 27 de agosto de 2016, Gustavo Sever se fue a dormir como siempre, pero durante la madrugada, mientras el ex futbolista de Quilmes, Tigre y San Telmo descansaba, el destino lo tomó con la guardia baja y lo puso ante una prueba que no esperaba.

Un Accidente Cerebro Vascular (ACV) lo hizo caer de la cama y, desde entonces, la esencia de sus días cambió para siempre. “Cuando me desperté estaba lleno de cables, estuve diez días en coma”, cuenta el ex futbolista, que transitó por supuesto un extenso período de recuperación y logró retomar su cotidianidad con la sabiduría que suelen dejar las vivencias de este tipo.

En diálogo con "Depo", Sever hizo un repaso de la batalla que le tocó afrontar ante un rival invisible, al que, vaya paradoja, decidió comenzar a pelearle con los ojos cerrados. Aunque tranquilo, con la pelota debajo de la suela y la mente lúcida para clavarla de lejos.

Sever, con sus hijos y los árbitros, en un homenaje que le hizo Quilmes.

“Me agarró por sorpresa, sí, porque estaba durmiendo y me caí de la cama. Lo que recuerdo es que me desperté en el hospital lleno de cables. Estuve en coma diez días y a partir de ahí fue todo pensar en positivo, preguntar más o menos que había pasado”, explicó Sever, quien más tarde profundizó sobre los motivos que provocaron el ACV según lo detallado por los médicos: “En mi caso no fue estrés ni nada por el estilo, fue exactamente una disección de carótida. Es decir, se me cerró. ¿Cuál fue la causa de la disección? Pudo haber sido desde un golpe hasta una frenada en auto. Esa noche me despierto queriendo agarrar un vaso de agua y debido a que el ACV me había afectado ya la parte izquierda de mi cuerpo, y yo me incliné hacia ese lado, el cuerpo no me respondió y ahí me caí. Intuyendo que había algo raro quise hablar, pero me era más lo que balbuceaba y no podía levantarme del piso, porque no tenía fuerza ni podía mover el brazo izquierdo”, comenzó a contar.

Y añadió: “Los partes médicos la verdad que no eran buenos. De hecho eran bastante malos y perdí mucho peso estuve mucho tiempo sin moverme ellos decían que era muy difícil que yo vuelva a caminar principalmente, que incluso hasta me iba a costar sentarme y mantenerme derecho porque había perdido la fuerza en el tronco, pero te soy sincero, yo siempre tuve la confianza y la seguridad no de que iba a volver a ser el mismo, pero sí en volver a acostumbrarme y a estar lo mejor posible para manejarme por mis propios medios como siempre”.

En UAI Urquiza salió campeón de la C y se retiró.

“Desde el día del accidente estuve internado en La Trinidad de Quilmes durante 27 días, que fue donde me operaron la primera vez y después estuve el Sanatorio Fleni cuatro o cinco meses más, no recuerdo exactamente. Fue duro, yo siempre digo que por ahí me fue más fácil que a otras personas que no están acostumbradas al deporte o al entrenamiento, porque yo decía que era como una pretemporada ya que estaba ahí viviendo, siempre se quedaba algún familiar a cuidarme porque estaba en silla de ruedas. Todos los días había rutina de terapia que duraban desde las 9 de la mañana hasta las 7 de la tarde, solamente se paraba para comer. Yo estaba igual muy confiado pero sabía que iba a salir adelante, no sabía cómo iba a terminar quedando pero sabía que lo iba a superar. Al comienzo fue duro enterarme lo que me había pasado, pero más allá de la bronca, nunca me pregunté por qué me había pasado algo como eso a mí ni nada por el estilo. Todo lo contrario. Entendí que me había pasado a mí porque yo era capaz de superarlo. Y el día del alta del Fleni que, ya me volvía casa, fue muy lindo, muy emocionante, porque fueron cuatro, cinco meses que los los veía a mis hijos únicamente los fines de semana, cuando ellos iban para allá para Escobar o los últimos meses, cuando ya estaba o un poquito mejor, me dejaban salir el fin de semana, o sea el sábado a la mañana venía para mi casa de Quilmes y el domingo a la noche tenía que volver a Fleni”, siguió con su relato.

“La primera operación que me hicieron fue la noche del ACV. Por protocolo lo primero que se hace es inyectar una medicación en la cabeza para que en caso de ser un coágulo, se disuelva. Pero lo mío, como explicaba, era un problema en la carótida. Entonces, en vez de hacerlo más leve, lo hizo peor, porque en el cerebro se hizo una hemorragia y se me empezó a inflamar el cerebro. Me tuvieron que operar de urgencia para sacarme una parte del hueso del cráneo, La segunda fue en el Fleni para ponerme y una plaqueta y reemplazar ese hueso que me habían sacado”.

Además, agregó que “Obviamente que el motor siempre fue la familia, mis hijos ni hablar, en primer lugar, mis hermanos que nunca salieron de al lado mío, incluso hasta el día de hoy. Nosotros somos cuatro hermanos y yo soy el más chico, asi que imagínate cómo me cuidan. Sin mis padres ellos cumplieron el rol de padres, más en un momento como este que uno necesita muchos cuidados. Mi ex esposa, de la que hoy estoy divorciado, también. Mis amigos, mi pareja actual… De ellos es gran parte de mi éxito, por decirlo de alguna manera”.

Un momento emotivo y esperado, cuando le dieron el alta médica.

Su retiró como campeón

Un privilegio que no todos los futbolistas consiguen en el final de su carrera es, sin ninguna duda, retirarse campeón. Gustavo Sever tiene el orgullo de pertenecer al grupo de jugadores que han colgado los botines con la medalla en el cuello. El mediocampista, que concretamente a lo largo de su trayectoria vistió las camisetas de Quilmes, Argentino de Quilmes, Defensa y Justicia, Burgos (España), Platense, San Telmo, Acassuso, Tigre y UAI Urquiza. Precisamente, en estos dos últimos equipos, Sever consiguió logros quedaron en la historia de ambos clubes. En Victoria ascendió de la mano de Ricardo Caruso Lombardi en la temporada 2004/2005 y en el conjunto de Villa Lynch lo hizo en 2013, en aquel elenco dirigido por Guillermo De Lucca. “Tengo una muy buena relación con Willy al día de hoy. Habló muy seguido”, contó Sever, quien, después de consagrarse con el Furgón abandonó la práctica activa del fútbol.

Ejerciendo el periodismo, en radio y TV.

Entre los chicos y el periodismo

El trabajo no solamente es salud. También es sentido de pertenencia. Por eso Gustavo Sever valora mucho el comportamiento que tuvieron los dirigentes de Quilmes durante y después del Accidente Cerebro Vascular. “Cuando me sucede todo yo estaba encargado de quinta división de Quilmes y trabajando también en el municipio. Afortunadamente en ambos casos me reservaron el lugar. Inclusive cuando ya estaba recuperado y me sentía con ganas de volver a trabajar, hablé en el club y como por una cuestión física no podía realizar la función como entrenador, me ofrecieron el cargo de coordinador del Fútbol Base, que se llama La Espumita. Arranqué ahí hasta que me fui sintiendo mejor, empecé a hacer trabajos de campo, inclusive en un momento me sumé al cuerpo técnico de la octava división, con Pico Colman, que me abrió las puertas. Para mí fue muy importante porque Quilmes es mi casa, porque yo llegué a Quilmes a los 6 años, justamente a La Espumita, donde después fui coordinador. Estoy muy agradecido”, nos contó quien además formó parte del cuerpo técnico de la Reserva antes de la pandemia.

Y también analiza partidos de fútbol, comentando para la televisión, mientras que en Radio posee un programa propio. 

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